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Adrián Z. Rivero
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El contundente triunfo del chavismo en las elecciones nacionales bajo la figura de Laura Fernández, con la bandera del Partido Pueblo Soberano (PPSO), coincide con el movimiento del péndulo político latinoamericano hacia la derecha o la ultraderecha (derecha radical) al que ya se suman diez de los países en la región.
Desde la motosierra de Javier Milei, en Argentina, hasta la megacárcel de Nayib Bukele, en El Salvador, expertos consultados por UNIVERSIDAD concuerdan en que la victoria de Fernández en Costa Rica forma parte de esa tendencia que marca una reconfiguración de la política regional, con matices entre los países, pero todos guiados por la polarización y el resentimiento del electorado hacia el sistema democrático.
“La radicalización del votante, como resultado de la polarización social, política y económica que han vivido nuestras sociedades en los últimos tiempos, ha generado ese panorama que pareciera ser hoy bastante hegemónico, sobre todo en cuanto al modelo económico”, advierte Rotsay Rosales, politólogo y coordinador del Observatorio de la Política Nacional (OPNA) de la Universidad de Costa Rica (UCR).
“Costa Rica es un país donde lo que tenemos como gobernantes es un reflejo de lo que somos como sociedad. Eso no hay que perderlo de vista”, Rotsay Rosales.
A las ya mencionadas conquistas electorales se suman las de Daniel Noboa (Ecuador), José Raúl Mulino (Panamá), José Antonio Kast (Chile), Rodrigo Paz (Bolivia), Nasry Asfura (Honduras), Luis Abinader (República Dominicana) y Santiago Peña (Paraguay).
Como los últimos “bastiones de la izquierda democrática” quedan Lula da Silva (Brasil), Claudia Sheinbaum (México) y Gustavo Petro (Colombia), gobernantes de tres de las economías más importantes de la región, lo cual “no deja de ser incómodo para el proyecto hegemónico de la derecha y la ultraderecha”, según destaca Rosales.
El manual del populista autócrata
Para el coordinador del OPNA, todos los países mencionados con gobiernos de derecha siguen “de manera fidedigna” lo que conceptualmente se denomina como “el manual del populista autócrata”, al que también se refiere como “modelo trumpista”.
Rosales explicó que la característica fundamental de este sistema es que las instituciones quedan supeditadas al poderío y las reglas a la autoridad, siendo Donald Trump, presidente de Estados Unidos, el principal referente.
“Trump parece hacer gala del éxito de ese esquema con las consecuencias internas que vemos y que ellos mismos parecieran callar. Estados Unidos está prácticamente, a lo interno, con distintos focos de rebelión y casi de guerra civil”, comentó Rosales.
En la misma línea, para Adrián Pignataro, politólogo e investigador de la UCR, Trump y su primera llegada al poder, en 2016, pueden verse como el punto de inicio de lo que muchos llaman “la cuarta ola de la ultraderecha” y que parece ser la dirección que ha tomado América Latina.
Pignataro distingue entre derechas: unas se relacionan más con posiciones sociales conservadoras, otras se publicitan con discursos de “mano dura”, algunas se enfocan en el libre mercado, también están las que pintan la austeridad de las finanzas públicas como un buen manejo financiero y, por supuesto, las que tienen “el cartón lleno” al reunir todos esos elementos y ser una derecha “mucho más extrema”.
No obstante, ambos politólogos destacan que la mayoría de esas variantes se alimentan de un concepto conocido como revancha cultural, reacción contracultural o, en inglés, cultural backlash: “Es el elemento simbólico que ellos han utilizado electoralmente para ganar elecciones”, asegura Rosales.
“Es la reacción, sobre todo, en Europa Occidental y en Estados Unidos contra el avance de lo que se llamó hasta algún momento el progresismo social y que hoy pareciera ser acusado por la ultraderecha como causante de todos los problemas”, agregó el politólogo.
Pignataro explicó que este fenómeno consiste en la acumulación de resentimiento por parte de grupos sociales contra cambios considerados progresistas, como podría ser la ampliación de derechos para minorías, la recepción de migrantes o las ayudas económicas que reciben los pobres.
“Hay un ambiente global que normaliza cierto tipo de discursos, impulsa ciertos tipos de discursos de derecha que hace unos años habrían sido vetados, que estaban fuera de las normas no escritas de la competencia partidaria”, anotó el experto.
La puerta que abrió paso a esta narrativa en la región, además de la influencia internacional, podría estar también en el desgaste de las democracias latinoamericanas.
Rosales lo describe como “una reacción de odio y de sentimiento de venganza” surgido de las “promesas incumplidas de la democracia” que, pese a su instauración como sistema político, no se tradujo completamente en una mejor repartición económica.
“La instauración de la democracia como régimen político en América Latina, lamentablemente, no supuso que en paralelo se incrementaran acciones de largo plazo que democratizaran también el mercado”, indica el especialista.
El director del OPNA manifiesta que existen coincidencias en América Latina respecto de las consecuencias de esa erosión democrática y son el sentimiento de exclusión, de marginalidad y de desigualdad que percibe la mayoría de los latinoamericanos.
El anti-establishment en Costa Rica
La muestra concreta en Costa Rica del resentimiento social la describe Pignataro como anti-establishment, que en español se puede traducir como antiélites, la cual se vislumbra claramente en el movimiento chavista, tanto con Rodrigo Chaves como con Laura Fernández.
“Estos dos esbozan esta idea de que las élites nos han gobernado y que el pueblo, como ellos lo decían, debe volver a gobernar y tomar las decisiones; es un resentimiento un poco más generalizado contra la clase política”, explica el politólogo.
El investigador agrega que —de momento— el discurso chavista no parece estar enfocado específicamente contra minorías como migrantes u otros grupos vulnerables, sino contra la clase política y el abandono de poblaciones y territorios por parte de esta.
En este sentido, un análisis hecho por UNIVERSIDAD sobre los resultados electorales muestra que el chavismo arrasó en los cantones con menor Índice de Desarrollo Humano (IDH) y con menor riqueza, mientras que prácticamente perdió en las zonas que tienen mejores niveles de ingresos y desarrollo.
“Hay un ambiente global que normaliza cierto tipo de discursos, impulsa ciertos tipos de discursos de derecha que hace unos años habrían sido vetados, que estaban fuera de las normas no escritas de la competencia partidaria”, Adrián Pignataro.
Sin embargo, esas zonas más vulnerables donde caló la maquinaria ultraderechista del oficialismo también serían, contradictoriamente, las más afectadas por sus políticas:
“Claramente se trata de un discurso, una narrativa de tipo proselitista electoral y de mantenimiento de popularidad de los gobernantes, pero en lo material y sustantivo evidentemente no va a ser otra cosa, y es previsible que así sea, que un mayor empobrecimiento, una mayor exclusión y una mayor desigualdad”, anticipa Rosales.
Otra característica del triunfo chavista que ambos expertos apuntaron es la afiliación de grupos cristianos protestantes, como los evangélicos o neopentecostales: “Es una reacción contra cualquier avance en materia de derechos humanos y de inclusión de sectores poblacionales anteriormente excluidos. Entonces, lo del conservadurismo religioso es un elemento que se une y que es afín a ellos, sin ninguna duda”, dijo Rosales.
El director del OPNA añadió que, además, ya Costa Rica desde hace décadas ha sido un país orientado hacia la derecha política, por lo cual, el avance hacia la ultraderecha se podría considerar que viene incluso desde los gobiernos del Partido Acción Ciudadana (PAC), pese a que haya quienes califiquen ese periodo como de izquierda:
“Eso era absolutamente falso y lo terminó de corroborar el gobierno más neoliberal que hemos tenido, que fue el de Carlos Alvarado”, mencionó Rosales, que también recordó cómo fue ese presidente quien trajo a Chaves al país: “Se lo trajeron, importaron el populismo”, manifestó.
La entrada Costa Rica acelera hacia la ultraderecha, el rumbo al que se inclina el péndulo político de América Latina aparece primero en Semanario Universidad.
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