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Pablo Deheza
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Diez años después del histórico Acuerdo de París, más de 56.000 personas, incluidos alrededor de 1.600 líderes indígenas de nueve países, y delegaciones de 194 Estados se reunieron en la ciudad amazónica de Belém, en la COP30, para negociar cómo acelerar la acción climática. La cumbre tuvo que enfrentar las profundas divisiones entre los países participantes.
«Lo primero que yo diría sobre la COP 30 es que se desarrolla en un momento bastante complejo de negociaciones a nivel internacional y particularmente difícil para el panorama del multilateralismo», afirma Carlos Aguilar, coordinador de Justicia Climática para Oxfam en América Latina, quien participó de las sesiones. La ausencia de Estados Unidos luego de que el presidente Trump anunciase en enero el retiro de su país del Acuerdo de París marcó significativamente el tono de las discusiones.
A pesar de las dificultades, la COP30 logró aprobar el «Paquete de Belém», un conjunto de 29 decisiones adoptadas por consenso que incluyen avances en transición justa, financiamiento para adaptación, comercio, género y tecnología. El presidente brasileño Luiz Inácio Lula da Silva celebró los resultados. «En la COP de la verdad, la ciencia prevaleció”, sentenció.
Uno de los principales acuerdos alcanzados fue el compromiso de triplicar la financiación para adaptación climática hacia 2035, manteniendo el objetivo establecido en la COP29 de Bakú de aportar $us 300.000 millones anuales a países emergentes. Sin embargo, la recaudación inmediata para el Fondo de Adaptación de la ONU quedó muy por debajo de las expectativas, alcanzando solo $us 125 millones.
Un logro significativo fue la aprobación de 59 indicadores concretos para medir los avances en adaptación climática, que abarcan desde el acceso a agua potable hasta la protección del patrimonio cultural, pasando por alertas tempranas de calor y estrategias de seguridad alimentaria. Este marco representa un cambio histórico: por primera vez existe una estructura concreta y comparable para evaluar la resiliencia climática de los países.
Brasil lanzó el Fondo Florestas Tropicais Para Sempre (TFFF), un mecanismo innovador que ya movilizó más de $us 6.700 millones en su primera fase con el respaldo de 63 países. Este fondo pagará a países que conserven sus bosques tropicales, creando una nueva economía basada en mantener las florestas en pie, con al menos un 20% de los recursos destinados directamente a pueblos indígenas y comunidades locales.
El documento final no incluye referencias explícitas a los combustibles fósiles ni menciona la esperada hoja de ruta para abandonar el petróleo, el gas y el carbón, lo que representa un retroceso respecto a compromisos asumidos en la COP28 de Dubái en 2023. Esta omisión generó el descontento de más de 80 países, incluyendo Chile, Colombia, España y México, que anunciaron un compromiso político paralelo para abandonar los combustibles fósiles, con una primera cumbre prevista para el próximo año en Colombia.
«Primó, de alguna manera, un enfoque de negocios por sobre la necesidad de poder enfrentar varios de los desafíos más importantes para mantener la temperatura del planeta por debajo de los 1.5 grados», explica Aguilar. Agregó que «los países que tienen mayores intereses alrededor de la industria de los combustibles fósiles hicieron una defensa importante y han transformado el espacio de negociación climática en un espacio de defensa de los intereses en torno a la industria de los combustibles fósiles».
La oposición del grupo árabe, liderado por Arabia Saudí, y el silencio de grandes consumidores como China impidieron que la hoja de ruta sobre combustibles fósiles se incluyera en el acuerdo final. Brasil anunció que elaborará esta hoja de ruta bajo su presidencia de la COP30, pero como iniciativa propia, voluntaria y no vinculante.
Para Aguilar, uno de los aspectos más positivos de la COP30 fue la participación ciudadana. «Si algo se demostró es que existe un movimiento social, un movimiento global de defensa de la naturaleza y de preocupación con relación a la crisis climática que tiene propuestas y que está ampliamente movilizado». La participación de pueblos indígenas de la Amazonía, comunidades quilombolas, el movimiento de mujeres y organizaciones juveniles fue descrita como histórica.
Lula, en la apertura de la cumbre, había marcado el tono con una advertencia: «Estamos andando en la dirección correcta, pero en la velocidad errada. En el ritmo actual, todavía avanzamos rumbo a un aumento superior a un grado y medio en la temperatura global. Romper esa barrera es un riesgo que no podemos correr».
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«Lo primero que yo diría sobre la COP 30 es que se desarrolla en un momento bastante complejo de negociaciones a nivel internacional y particularmente difícil para el panorama del multilateralismo», afirma Carlos Aguilar, coordinador de Justicia Climática para Oxfam en América Latina, quien participó de las sesiones. La ausencia de Estados Unidos luego de que el presidente Trump anunciase en enero el retiro de su país del Acuerdo de París marcó significativamente el tono de las discusiones.
A pesar de las dificultades, la COP30 logró aprobar el «Paquete de Belém», un conjunto de 29 decisiones adoptadas por consenso que incluyen avances en transición justa, financiamiento para adaptación, comercio, género y tecnología. El presidente brasileño Luiz Inácio Lula da Silva celebró los resultados. «En la COP de la verdad, la ciencia prevaleció”, sentenció.
Financiamiento
Uno de los principales acuerdos alcanzados fue el compromiso de triplicar la financiación para adaptación climática hacia 2035, manteniendo el objetivo establecido en la COP29 de Bakú de aportar $us 300.000 millones anuales a países emergentes. Sin embargo, la recaudación inmediata para el Fondo de Adaptación de la ONU quedó muy por debajo de las expectativas, alcanzando solo $us 125 millones.
Un logro significativo fue la aprobación de 59 indicadores concretos para medir los avances en adaptación climática, que abarcan desde el acceso a agua potable hasta la protección del patrimonio cultural, pasando por alertas tempranas de calor y estrategias de seguridad alimentaria. Este marco representa un cambio histórico: por primera vez existe una estructura concreta y comparable para evaluar la resiliencia climática de los países.
Brasil lanzó el Fondo Florestas Tropicais Para Sempre (TFFF), un mecanismo innovador que ya movilizó más de $us 6.700 millones en su primera fase con el respaldo de 63 países. Este fondo pagará a países que conserven sus bosques tropicales, creando una nueva economía basada en mantener las florestas en pie, con al menos un 20% de los recursos destinados directamente a pueblos indígenas y comunidades locales.
Combustibles fósiles
El documento final no incluye referencias explícitas a los combustibles fósiles ni menciona la esperada hoja de ruta para abandonar el petróleo, el gas y el carbón, lo que representa un retroceso respecto a compromisos asumidos en la COP28 de Dubái en 2023. Esta omisión generó el descontento de más de 80 países, incluyendo Chile, Colombia, España y México, que anunciaron un compromiso político paralelo para abandonar los combustibles fósiles, con una primera cumbre prevista para el próximo año en Colombia.
«Primó, de alguna manera, un enfoque de negocios por sobre la necesidad de poder enfrentar varios de los desafíos más importantes para mantener la temperatura del planeta por debajo de los 1.5 grados», explica Aguilar. Agregó que «los países que tienen mayores intereses alrededor de la industria de los combustibles fósiles hicieron una defensa importante y han transformado el espacio de negociación climática en un espacio de defensa de los intereses en torno a la industria de los combustibles fósiles».
La oposición del grupo árabe, liderado por Arabia Saudí, y el silencio de grandes consumidores como China impidieron que la hoja de ruta sobre combustibles fósiles se incluyera en el acuerdo final. Brasil anunció que elaborará esta hoja de ruta bajo su presidencia de la COP30, pero como iniciativa propia, voluntaria y no vinculante.
Movilización social
Para Aguilar, uno de los aspectos más positivos de la COP30 fue la participación ciudadana. «Si algo se demostró es que existe un movimiento social, un movimiento global de defensa de la naturaleza y de preocupación con relación a la crisis climática que tiene propuestas y que está ampliamente movilizado». La participación de pueblos indígenas de la Amazonía, comunidades quilombolas, el movimiento de mujeres y organizaciones juveniles fue descrita como histórica.
Lula, en la apertura de la cumbre, había marcado el tono con una advertencia: «Estamos andando en la dirección correcta, pero en la velocidad errada. En el ritmo actual, todavía avanzamos rumbo a un aumento superior a un grado y medio en la temperatura global. Romper esa barrera es un riesgo que no podemos correr».
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