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Cindy Barascout: la escritora guatemalteca que destaca en la ficción visionaria y el realismo mágico actual
Desde la ficción visionaria y el realismo mágico contemporáneo, la escritora busca poner en diálogo la memoria, la conciencia y la cultura de Guatemala, a través de una narrativa actual.
Esdras Laz
15 de marzo de 2026
|
11:00h
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La escritora Barascout se prepara para presentar su obra en ferias internacionales del libro (Foto Prensa Libre: cortesía James Grissom).
Con una narrativa centrada en la ficción visionaria y el realismo mágico contemporáneo, la escritora guatemalteca Cindy Barascout continúa abriéndose camino en el escenario internacional con un universo narrativo propio.
Con más de 15 años dedicados a la creación literaria y más de ocho obras publicadas, Barascout ha logrado proyectarse internacionalmente gracias a la trilogía El juego de los Cristales, un universo que combina misterio, aventura y simbolismo.
A partir de este proyecto literario, Barascout busca seguir expandiendo su obra no solo en el ámbito editorial, sino también con la posibilidad de adaptarla en el futuro a la gran pantalla. Mientras tanto, se prepara para presentar su universo narrativo en la Feria Internacional del Libro de Buenos Aires y en ferias del libro en España.
¿Cómo surge su viaje por la literatura?
Todo empezó cuando tenía 16 años. Durante un viaje familiar, mientras buceaba con mi familia, me encontraba en el muelle esperando la lancha cuando, de pronto, como si me hubiera caído un rayo, comencé a tener visiones de una civilización bajo el mar.
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Como pasaba mucho tiempo bajo el agua y aún era muy joven, me permitía imaginar con libertad ese mundo narrativo. Mi sensibilidad y el entorno marino me ayudaron a abrir la puerta a lo que estaba sintiendo.
Lo describo como una descarga, porque no fue solo lo que vi, sino también lo que experimenté en mi imaginación. Aquello me llevó a desarrollar una historia en mi mente. Recuerdo que ese día era Año Nuevo y, mientras mi familia hablaba de sus metas para el año, respondí que la mía era escribir un libro llamado El libro perdido de Jacques-Yves Cousteau, un personaje que ha sido una de mis grandes inspiraciones.
Ver de cerca cómo, mientras buceaba, los arrecifes que antes estaban llenos de vida —tortugas y corales— aparecían de repente muertos me generó una serie de sentimientos, pero también una fuerza interior. Esa experiencia me llevó a explorar mi primera novela, El libro que Salvó al Mar, que trata sobre una civilización bajo el océano.
Nunca pensé demasiado en ello; era una mezcla de inocencia y convicción. Con el tiempo entendí que, si quería llevar esta historia al mundo, sería un camino difícil que requeriría fe, confianza y mucho trabajo.
Esa convicción me llevó a estudiar periodismo en Guatemala. Sin embargo, sentía que necesitaba viajar y conocerme mejor, lo que me llevó a Buenos Aires, Argentina, donde descubrí que era posible vivir de la literatura y las artes.
“Si no existía una referencia de una escritora guatemalteca que hiciera lo que yo quería hacer, entendí que tal vez me correspondía a mí convertirme en esa referencia”
Cindy Barascout
¿Existen elementos de la cultura guatemalteca en su literatura?
Definitivamente, dejo plasmada parte de nuestra cultura en mis obras. Por ejemplo, en mi tercera novela de El juego de los cristales, titulada Red 333, la historia está ambientada en el lago de Atitlán. La inspiración surgió del tiempo que viví en San Marcos La Laguna, donde pude ver cómo el lago es un ser vivo, lleno de historias.
Para mí, el lago me llamó. Llegué durante la pandemia con la idea de quedarme tres meses y terminé viviendo cuatro años, sin pensar que ese lugar me cambiaría profundamente. Sentí que mi sistema nervioso se relajó y viví experiencias muy intensas: sueños lúcidos, experiencias espirituales y memorias que parecían despertar.
En la novela hablo de una vida pasada de una guerrera maya que no cumple su misión durante la conquista española y que, en una reencarnación moderna, retoma esa misión.
Creo que, desde mi literatura, busco demostrar cómo Guatemala es un lugar increíble, muchas veces subestimado, pero donde aún existen tradiciones ancestrales vivas que hablan de la conexión con la tierra, con los elementos y con lo espiritual.
Dentro de mi literatura también menciono lugares como Cobán y la Franja Transversal del Norte, además de paisajes que, para mí, simbolizan una especie de edén que representa a Guatemala.
Cindy Barascout impulsa su trilogía “El juego de los cristales”, una saga que mezcla misterio, aventura y simbolismo inspirados en Guatemala. (Foto Prensa Libre: cortesía James Grissom)
¿Cuántos libros ha escrito y cuál ha sido el más personal?
He escrito alrededor de nueve o 10 libros. Dentro de la ficción, y específicamente en la trilogía, son tres, aunque ya tengo la premisa de un cuarto.
No podría decir cuál es el más personal, pues considero que cada uno representa una etapa distinta de mi vida. Al principio pensaba que eran libros independientes, pero con el tiempo entendí que forman parte de un mismo universo narrativo, como sucede con El señor de los anillos o Harry Potter.
Principalmente, mi trilogía representa una etapa de exploración que me ha marcado. Sin haber buscado crear un universo entre las historias, al final terminaron conectándose.
¿Qué busca provocar en los lectores?
Busco que se asombren, que se conozcan y que recuerden lo poderosos que somos. También quiero que quienes se han sentido inadecuados o como la “oveja negra” no lo vean como algo negativo, sino como una señal de algo distinto y valioso: talentos o poderes que aún están dormidos.
Muchas veces pienso en mí misma cuando era niña, en los momentos en los que me sentía más triste, incomprendida o desconectada.
Creo que mucho de lo que escribo nace de mi niña interior, de recordar los momentos difíciles y de pensar en cómo me hubiera gustado tener libros que me dieran herramientas para creer en mí misma. Libros que me ayudaran a entender que ser diferente no es algo negativo, sino que, al contrario, puede ser una de las cosas más maravillosas que nos pueden ocurrir.
La escritora Barascout se prepara para presentar su obra en ferias internacionales del libro (Foto: cortesía Charlie Orellana)
¿Cómo fue escribir con la arqueóloga Mary Lou Ridinger?
El trabajo con Mary Lou Ridinger fue, ante todo, un ejercicio periodístico. A través de esta colaboración exploramos la riqueza del jade maya, lo que me permitió conocer sus múltiples virtudes y comprender el contexto que rodea la extracción de este mineral.
El proceso creativo no fue complicado, ya que ella me proporcionó abundante material de investigación —revistas, libros y documentos— que sirvió de base para, desarrollar el contenido de Piedra de reyes II. Durante la investigación también abordamos temas sensibles relacionados con la explotación del jade, lo que incluso llegó a representar ciertos riesgos para nosotras.
El libro que publicamos hace aproximadamente un año contiene solo una parte del material original. Podría decirse que representa cerca del 30% de lo que inicialmente planeábamos publicar. Por razones de seguridad, decidimos omitir parte de la información, ya que se trata de un tema delicado. Aun así, logramos mostrar la importancia cultural y simbólica del jade.
Durante el proceso también encontramos paralelos con lo ocurrido en Birmania, donde la explotación del jade generó graves problemas de corrupción y destrucción ambiental. Ese caso funciona como una advertencia para Guatemala y evidencia la necesidad de proteger este recurso.
Participar en este proyecto fue una experiencia muy valiosa. Sin embargo, todavía siento que quedó mucho por contar. Ojalá en el futuro exista un contexto que permita publicar con mayor libertad todo lo que rodea este tema.
¿Cuál es el futuro de Cindy Barascout?
Cindy Barascout acaba de coescribir un guion con el director guatemalteco Javi del Cid, cuya película se produce en México. Esa experiencia abre una nueva etapa en su trayectoria y refuerza su interés de llevar sus libros al cine. En el corto plazo, la escritora busca expandir su trilogía a distintos mercados internacionales y a otros idiomas.
A mediano plazo, su meta es convertir sus historias en productos audiovisuales, ya sea mediante la adaptación de sus libros a guiones o la construcción de un universo narrativo en otras plataformas.
A largo plazo, Barascout aspira a impulsar una infraestructura que facilite la creación y circulación de historias. Su propósito es contribuir a que Guatemala se proyecte como un país de narradores con obras de impacto, además de brindar herramientas a quienes desean iniciarse en la literatura y hacerles más accesible ese proceso.
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