CIEP confirma validez de su metodología tras resultado electoral

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Vinicio Chacón Soto

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La aplicación de las metodologías aplicadas por el Centro de Investigación y Estudios Políticos (CIEP) de la Universidad de Costa Rica (UCR) en sus encuestas electorales, tanto del llamado panel como de la muestra aleatoria, determinaron un acercamiento importante al resultado que al fin y al cabo se dio en las elecciones del 1 de febrero.

En particular los estudios publicados por UNIVERSIDAD el 21 y 28 de enero acertaron en mostrar la tendencia al alza en la intención de voto en favor de la candidata del oficialismo chavista, Laura Fernández, hoy presidenta electa de Costa Rica.

La primera de esas encuestas encontró un apoyo del 40% para Fernández, quien ya para la segunda alcanzó el 43,8% y al final en la elección logró el 48,3%. Se trata de números que trazan una pendiente ascendente casi perfecta (ver gráfico).

En cuanto a la oposición, el candidato liberacionista Álvaro Ramos había marcado 8% y luego un 9,2%, pero en la votación alcanzó un 33,44%; un crecimiento que Ronald Alfaro, coordinador de la Unidad de Estudios de Opinión Pública del CIEP, atribuyó a la última semana de campaña. Ello según dijo espera se refleje en la encuesta post electoral que se realizará.

En esa misma línea, consideró que la caída en apoyo que experimentó Claudia Dobles, de la Coalición Agenda Ciudadana (CAC), quien el 28 de enero marcó un 8,6% pero logró un 4,85% de los votos, puede atribuirse a un “trasbordo” de los votos hacia Ramos.

Mientras tanto, el apoyo que se mostró hacia Ariel Robles, diputado y candidato del Frente Amplio, se mantuvo constante.

Sobre el abstencionismo, Alfaro destacó que en el Informe de la segunda encuesta “reportamos que el 70% de la gente estaba decidida a votar y que el 30% no. Y ese es el nivel de participación y abstencionismo que estamos viendo ahora, exactamente igual”.

Metodologías

Los estudios del CIEP fueron acogidos con alguna suspicacia por sectores que se mostraban preocupados por las implicaciones del continuismo en la vida democrática del país, por lo que surgieron interrogantes respecto a la cantidad de personas que, en el primer caso, habían abandonado el ejercicio del panel.

Esa metodología busca monitorear la opinión de un mismo grupo de personas a lo largo del tiempo, en aras de comprender cómo evoluciona. En el caso de la primera encuesta publicada el 21 de enero, combinó tanto el estudio de panel como la consulta a una muestra transversal aleatoria de la población. Además se trata de la tercera ronda de aplicación de ese método, luego de haberlo usado en 2018 y 2022.

Por otro lado, reemergió una entrevista publicada por este Semanario en marzo de 2024, en la que el exdirector de la Escuela de Estadística de la UCR Fernando Ramírez llamaba la atención a que las encuestas no reflejaban la llamada tasa de rechazo, es decir, la cantidad de personas que se niegan a contestar la encuesta.

Desde esa perspectiva, generó preocupación el hecho de que se requirió hacer más de 20 mil llamadas para contar con una muestra de 1.500 personas.

Al respecto, Alfaro en primer lugar recordó que “lo más importante es que un estudio de estos, primero, sea representativo de la población, que refleje esas opiniones y que además sea transparente en la forma en la que hace las cosas”.

“Los resultados deberían reflejar lo que la ciudadanía piensa, lo que pasa es que a veces en época electoral hay una pasión desbordada sobre qué puede pasar, sobre qué pasó, sobre por qué pasó, entonces la gente tiende a leer esto de una manera muy apasionada y yo lo comprendo”, añadió.

Sobre la metodología del panel, Alfaro apuntó que su objetivo principal es determinar “si la gente está cambiando y cuando hay cambio usted necesita saber qué dirección tiene ese cambio, qué magnitud, el estado de una carrera electoral, por ejemplo”.

Subrayó que entonces “lo más relevante es el cambio, porque se trata de las mismas personas que usted está entrevistando. Se empieza con una muestra grande porque usted quiere ver cómo esas personas van cambiando a lo largo del tiempo”. Reconoció que “se sabe muy bien que en un panel usted va a perder gente en el camino, por eso usted empieza con una muestra más grande, es un proceso normal y natural”.

En este formato “la pregunta es diferente, es quiénes cambiaron y hacia dónde están cambiando. No quién va arriba, quién va segundo, tercero, eso es diferente” aseguró. Además, afirmó que “estoy seguro que el panel permite ver cosas que ningún otro tipo de encuesta, ni siquiera una encuesta muy grande aleatoria, permite”.

Sobre la segunda encuesta, la publicada el 28 de enero y que fue únicamente de muestreo aleatorio, explicó que por ubicarse ya muy cerca de las elecciones se aumentó el tamaño de la muestra, de mil a 1.500 personas, para tener más precisión y “nos acercamos bastante a ese resultado final”.

Alfaro se refirió a la tasa de rechazo apuntada en marzo de 2024 por Fernando Ramírez, a quien describió como “una gran autoridad”, y relató que “en el CIEP tomamos muy en serio esa entrevista”.

Explicó que se decidió buscar un estándar o criterio internacionalmente reconocido respecto a cómo reportar las tasas de respuesta y de rechazo en una encuesta, y se decidió aplicar el estándar de la Asociación Americana de Estudios de Opinión (Aapor), según la aplicación de una fórmula de cálculo estadístico que data de 2023, tal como se consigna en los informes de ambas encuestas.

“En esa entrevista, don Fernando dice que las tasas de rechazo andan alrededor del 13% y el 10%, la nuestra anda en el 9% o el 8%”, destacó.

Al respecto y para dimensionar esas cifras, observó que en Costa Rica existen ocho millones de teléfonos celulares activos para una población de cinco millones de personas. Ello implica que “no podemos saber de antemano si un teléfono está activo o inactivo”.

Entonces se debe hacer muchos intentos. Alfaro se refirió al cuestionamiento respecto a que resulte necesario hacer “25.000 llamadas para tener 1.000 o 1.500” encuestas.

Reiteró que “gran parte de esas llamadas no son a teléfonos activos”, pero “también hay que descartar personas que tienen un teléfono para un comercio, actividad profesional, actividad comercial, personas menores de edad, personas que son extranjeros y no pueden votar en Costa Rica, o extranjeros que llegaron de turismo y activaron una línea de teléfono celular”.

De manera que, al consolidar un total de contactos efectivos con personas que cumplan todos los criterios para tener derecho al voto, “ahí es cuando solo el 9% de la gente nos dice: No quiero contestar la llamada, no quiero responder a la encuesta. Pero eso es demasiado poco”.

Ramos y la espiral de silencio

Por su parte el exdirector de la Escuela de Estadística, Fernando Ramírez, consultado al respecto, en primer lugar quiso enfatizar que, como ya se apuntó, la entrevista en que observó que no se tomaba en cuenta la tasa de rechazo es de 2024 y que no se trataba de un comentario a estas últimas encuestas.

En segundo lugar, informó que esa publicación “generó un evento en que participó la Escuela de Estadística de la UCR y el CIEP en agosto de 2024, en donde se indicó la importancia de estandarizar la nomenclatura para la estimación de la tasa de respuesta en las encuestas telefónicas, todo eso se hizo con base en un organismo internacional”, la ya mencionada Aapor y en particular de su documento titulado “Iniciativa de Transparencia”.

Al referirse en particular a la encuesta del 28 de enero, expresó que es “de las pocas en que se tiene la oportunidad de conocer las diferencias de las estimaciones que se hacen con el valor poblacional. Eso casi no se tiene nunca, es decir, determinar el error real de la estimación”. Dicho de otro modo, los resultados arrojados por la encuesta se pueden constatar con el comportamiento de la población en términos reales.

Ramírez, quien durante muchos años fue profesor de muestreo, señaló que en este caso la estimación principal que se tenía que hacer era el porcentaje que votaría por Laura Fernández para la Presidencia. “Estaba subestimada (en la encuesta), pero superaba el 40%, y salió en 48%. Considero que es una buena estimación”.

En segundo lugar, observó que “el orden de los cuatro principales partidos que daba la encuesta se mantuvo en los resultados electorales”, pero no de menor relevancia es la tercera estimación que destacó: el apoyo a Álvaro Ramos, que en la encuesta apareció con 9,2% de apoyo, pero logró el 33,44% de los votos.

“Estaba muy subestimado”, lo cual explicó a partir del concepto de la “espiral del silencio”, acuñado en los años 70 por la politóloga alemana Elisabeth Noelle-Neumann, aclarando que con ello su explicación ya no es estrictamente estadística.

“Ella indica que el silencio puede manifestarse en formas diferentes, tanto entre quienes sostienen opiniones mayoritarias como quienes pertenecen a una minoría, ya que suelen guardar silencio o quedarse callados, como queramos verlo, sobre temas que les interesan, pero esto es provocado por diferentes motivos”, explicó.

Elaboró que ese silencio se debe posiblemente a “un juicio equivocado sobre la prevalencia de sus opiniones, de tal forma que los de la mayoría asumen que todos piensan como ellos y los de la minoría creen que son los únicos, son poquitos”.

Según esa teoría “la gente observa el comportamiento de los demás para determinar qué opiniones y comportamientos encuentran aprobación o rechazo en un ambiente público”. Además “las personas tienden a ocultar su opinión cuando piensan que con ellas se exponen a una presión de aislamiento”.

“Es muy posible, ya después de darle mucha vuelta a esto, que las personas que votaron por don Álvaro Ramos estaban ocultas en las encuestas entre el grupo de indecisos y los que no respondían y al momento de la votación expresaron su preferencia que no manifestaban las encuestas, por lo que podría considerarse como un caso del fenómeno social para mí denominado la espiral del silencio”.

Por otra parte, dijo que del proceso electoral le llamó la atención la actitud que percibió de las personas que “todo era muy callado”, tanto de parte de los simpatizantes del oficialismo como de los opositores, en particular quienes apoyaron a Ramos. “La espiral de silencio funciona para los dos lados”, indicó. “Hay gente que se mantiene en lo que piensa, pero no lo dice y en el momento que haya que votar, vota y entonces ahí se rompe el silencio”.



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