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Alejandra Vélez
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La investigación internacional sobre la muerte del opositor ruso Alexéi Navalni ha puesto el foco en la biodiversidad ecuatoriana. Científicos locales aclaran que la epibatidina, aunque presente en una especie nativa, solo alcanzaría niveles letales mediante producción de laboratorio.
La reciente revelación de gobiernos europeos sobre el envenenamiento de Alexéi Navalni con epibatidina ha generado reacciones en la comunidad científica de Ecuador. Esta toxina es característica de la Epipedobates anthonyi, una pequeña rana dardo de apenas dos centímetros que habita entre el suroeste del país y el norte de Perú.
Como cuenta EFE, Santiago Ron, curador de anfibios de la PUCE, explicó que estos ejemplares no producen el veneno por sí mismos, sino que lo obtienen de su dieta de ácaros y hormigas.
Aunque la sustancia es potente, el experto señaló que las ranas en su estado natural son “prácticamente inofensivas” para el ser humano, ya que el veneno no se absorbe por la piel y la cantidad por individuo es mínima. Tocar una podría causar ardor, pero no la muerte.
La hipótesis de un veneno extraído directamente de la naturaleza pierde fuerza ante los datos técnicos. Expertos consultados por EFE coinciden en que se necesitaría recolectar entre 100 y 200 ranas para obtener una sola dosis letal para un humano. Iván Lozano, especialista en conservación, calificó como “imposible” conseguir tal cantidad de ejemplares silvestres para este fin, considerando que en su entorno apenas afectan a depredadores pequeños como ratas.
La conclusión científica apunta a que la sustancia utilizada fue una versión sintética. El compuesto fue aislado en los años 70 y hoy puede replicarse íntegramente en laboratorios de alta complejidad. Esto refuerza la acusación de países como Reino Unido y Francia, quienes sostienen que solo una estructura con recursos estatales, como el Kremlin, habría tenido los medios para sintetizar y aplicar esta toxina rara contra el disidente.
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El origen de la epibatidina en el suroeste ecuatoriano
La reciente revelación de gobiernos europeos sobre el envenenamiento de Alexéi Navalni con epibatidina ha generado reacciones en la comunidad científica de Ecuador. Esta toxina es característica de la Epipedobates anthonyi, una pequeña rana dardo de apenas dos centímetros que habita entre el suroeste del país y el norte de Perú.
Como cuenta EFE, Santiago Ron, curador de anfibios de la PUCE, explicó que estos ejemplares no producen el veneno por sí mismos, sino que lo obtienen de su dieta de ácaros y hormigas.
Aunque la sustancia es potente, el experto señaló que las ranas en su estado natural son “prácticamente inofensivas” para el ser humano, ya que el veneno no se absorbe por la piel y la cantidad por individuo es mínima. Tocar una podría causar ardor, pero no la muerte.
Imposibilidad de una extracción natural masiva
La hipótesis de un veneno extraído directamente de la naturaleza pierde fuerza ante los datos técnicos. Expertos consultados por EFE coinciden en que se necesitaría recolectar entre 100 y 200 ranas para obtener una sola dosis letal para un humano. Iván Lozano, especialista en conservación, calificó como “imposible” conseguir tal cantidad de ejemplares silvestres para este fin, considerando que en su entorno apenas afectan a depredadores pequeños como ratas.
La conclusión científica apunta a que la sustancia utilizada fue una versión sintética. El compuesto fue aislado en los años 70 y hoy puede replicarse íntegramente en laboratorios de alta complejidad. Esto refuerza la acusación de países como Reino Unido y Francia, quienes sostienen que solo una estructura con recursos estatales, como el Kremlin, habría tenido los medios para sintetizar y aplicar esta toxina rara contra el disidente.
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