Prensa Libre
New member
En un futuro cercano, la alta criminalidad en Los Ángeles obliga a la ciudad a tomar una decisión drástica: para acelerar los procesos judiciales y las condenas, los juicios estarán dirigidos por inteligencia artificial avanzada, una iniciativa promovida por el detective Raven (Chris Pratt), quien se ve perjudicado al ser acusado de asesinar a su esposa.
Esa es la trama de la película Mercy o Sin piedad, dirigida por Timur Bekmambetov. Si no quiere ser ejecutado, el detective debe demostrar su inocencia —o la culpabilidad de un tercero— en 90 minutos. Para ello, tiene acceso a todos los datos e información que su entorno ha subido a internet: desde contenido en redes sociales hasta mensajes privados, los cuales se encuentran en el servidor de la jueza Maddox.
Consultado sobre si este punto funciona como advertencia sobre los peligros de compartir todos nuestros datos en internet, el actor estadounidense Chris Pratt, en una entrevista con EFE, reconoce que la gente debería tener “más conciencia” al respecto.
“La gente piensa que las redes sociales son gratis y que no te cuesta dinero estar conectado, pero no se dan cuenta de que ellos son el producto. Nuestra atención y nuestros datos están siendo comercializados en el mercado global, con un valor más alto que el del oro”, apunta.
LECTURAS RELACIONADAS

Miss Universo Fátima Bosch visita Guatemala: ¿Cuál es el motivo de su gira y qué lugares recorrerá en el país?

El tenis de Ricardo Arjona que se volvió parte de su mensaje de cumpleaños
Asimismo, Pratt recuerda que, si bien tanto las películas como Instagram o TikTok son mecanismos de entretenimiento, solo uno de ellos termina después de 90 minutos. “Los otros quieren sumirte en un estado de hipnosis durante todo el tiempo que puedan”, lamenta.
No obstante, el actor no considera que Mercy contenga una “declaración revolucionaria” sobre la inteligencia artificial o el peligro de las redes sociales. “Es una pieza apasionante de contenido de entretenimiento, diseñada para ser vista en la gran pantalla”, resalta.
“Hay muchas cosas por las que preocuparnos en el mundo, y esta película es la oportunidad de darse un respiro. Te permite sentarte y simplemente entretenerte en una sala llena de gente que no conoces y con la que seguramente discutirías sobre la inteligencia artificial, la política u otras cosas, pero con la que puedes compartir la misma experiencia”, subraya.
Pese a todo, el filme plantea ciertos debates: los límites de la privacidad, la discusión sobre si la imparcialidad total es alcanzable, si la humanidad es necesaria en un proceso judicial o si la inteligencia artificial será capaz de desarrollar capacidades humanas como el instinto.
Sobre estos asuntos, Pratt defiende que la humanidad es necesaria al juzgar a una persona y descarta que la IA llegue a tener de forma orgánica algo parecido a la intuición humana, aunque, a su parecer, sí puede simularla.
Respecto del rodaje, el actor lo define como “diferente”, especialmente por las condiciones físicas: su personaje está aislado y atado a una silla, con movimientos corporales limitados, y solo puede mover un poco las manos, la cabeza y los ojos.
“Además, rodábamos tomas muy largas, a veces 70 páginas del tirón. Esa combinación fue muy desafiante”, afirma.
Asimismo, Pratt resalta que el protagonista de la película no tiene la “luz”, la alegría o el humor que él suele aportar a sus personajes. “Estoy interpretando a alguien para quien ese es el peor día de su vida”, apostilla.
“Este tipo de papeles siempre son bienvenidos. Espero sorprender a los espectadores”, concluye.
Sigue leyendo...