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Pablo Deheza
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Mientras la demanda global de inteligencia artificial (IA) y computación en la nube se dispara, Sudamérica encuentra nuevas oportunidades en el boom tecnológico. Sin embargo, la creciente inversión, que promete transformar digitalmente la economía regional, choca frontalmente con una realidad complicada. Las redes eléctricas, en muchos casos obsoletas y sobrecargadas, amenazan frenar en seco esta revolución.
Los números son elocuentes. Según proyecciones de la consultora internacional Arizton, el mercado de centros de datos en Latinoamérica crecerá a un ritmo del 12.22% anual, pasando de un valor de $us 7.160 millones en 2024 a más de $us 14.300 millones para 2030. El segmento donde las empresas alquilan espacio avanza aún más rápido, con una tasa de crecimiento anual compuesta (CAGR) del 25.7%.
Brasil y Chile lideran la carrera, atrayendo la mayor parte de las inversiones. Solo en Brasil, las solicitudes de conexión a la red eléctrica para nuevos centros de datos se multiplicaron por más de 330% en un solo año, según datos de la operadora nacional. Mientras, Chile se posiciona como el hub de IA para la región, con una demanda de energía para este fin que se espera se cuadruplique para 2032, pasando de 325 MW a 1.360 MW.
«La capacidad de la red eléctrica se ha convertido en el factor limitante más crítico para el desarrollo de nuevas zonas de centros de datos en toda América Latina», señala un reciente informe de la Agencia Internacional de Energía. «Los proyectos que no pueden garantizar un suministro estable y escalable simplemente no avanzarán».
Sudamérica tiene una ventaja competitiva única: una matriz eléctrica excepcionalmente limpia, con países como Brasil, Chile y Paraguay generando la mayor parte de su electricidad a partir de fuentes hidroeléctricas, eólica y solar. Los operadores tecnológicos prometen que sus nuevas instalaciones funcionarán con energía 100% renovable. No obstante, la lentitud en la expansión de las redes de transmisión está creando una situación paradójica e inesperada.
El caso más emblemático ocurre en Querétaro, México, un nodo clave. Allí, para garantizar la operación continua de su centro de datos, Microsoft ha tenido que recurrir a generadores de gas natural como fuente principal de energía, no solo de respaldo. Esta medida, confirmada en reportes ambientales locales, contradice abiertamente los compromisos de sostenibilidad de la empresa y revela la gravedad del cuello de botella.
«En México, se proyecta un déficit de 48,000 megavatios-hora en la red para 2030», alerta la ingeniera energética Valeria Soto. «Cuando la infraestructura pública falla, las empresas no tienen más opción que generar su propia energía, y eso a menudo significa combustibles fósiles. Es un paso atrás en la transición verde».
Innovación y nuevas rutas
Frente a estos desafíos, la industria responde con innovación y estrategias geográficas alternativas. El diseño de los centros de datos está evolucionando hacia instalaciones «listas para IA», con sistemas de refrigeración líquida que son más eficientes y usan menos agua que los métodos tradicionales. Este es un factor decisivo en zonas con estrés hídrico como el norte de Chile.
Paralelamente, países con costos menores y potencial energético desaprovechado comienzan a atraer miradas. Entre ellos, Argentina busca ser un contendiente.
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Los números son elocuentes. Según proyecciones de la consultora internacional Arizton, el mercado de centros de datos en Latinoamérica crecerá a un ritmo del 12.22% anual, pasando de un valor de $us 7.160 millones en 2024 a más de $us 14.300 millones para 2030. El segmento donde las empresas alquilan espacio avanza aún más rápido, con una tasa de crecimiento anual compuesta (CAGR) del 25.7%.
Brasil y Chile lideran la carrera, atrayendo la mayor parte de las inversiones. Solo en Brasil, las solicitudes de conexión a la red eléctrica para nuevos centros de datos se multiplicaron por más de 330% en un solo año, según datos de la operadora nacional. Mientras, Chile se posiciona como el hub de IA para la región, con una demanda de energía para este fin que se espera se cuadruplique para 2032, pasando de 325 MW a 1.360 MW.
«La capacidad de la red eléctrica se ha convertido en el factor limitante más crítico para el desarrollo de nuevas zonas de centros de datos en toda América Latina», señala un reciente informe de la Agencia Internacional de Energía. «Los proyectos que no pueden garantizar un suministro estable y escalable simplemente no avanzarán».
La paradoja sistémica
Sudamérica tiene una ventaja competitiva única: una matriz eléctrica excepcionalmente limpia, con países como Brasil, Chile y Paraguay generando la mayor parte de su electricidad a partir de fuentes hidroeléctricas, eólica y solar. Los operadores tecnológicos prometen que sus nuevas instalaciones funcionarán con energía 100% renovable. No obstante, la lentitud en la expansión de las redes de transmisión está creando una situación paradójica e inesperada.
El caso más emblemático ocurre en Querétaro, México, un nodo clave. Allí, para garantizar la operación continua de su centro de datos, Microsoft ha tenido que recurrir a generadores de gas natural como fuente principal de energía, no solo de respaldo. Esta medida, confirmada en reportes ambientales locales, contradice abiertamente los compromisos de sostenibilidad de la empresa y revela la gravedad del cuello de botella.
«En México, se proyecta un déficit de 48,000 megavatios-hora en la red para 2030», alerta la ingeniera energética Valeria Soto. «Cuando la infraestructura pública falla, las empresas no tienen más opción que generar su propia energía, y eso a menudo significa combustibles fósiles. Es un paso atrás en la transición verde».
Innovación y nuevas rutas
Frente a estos desafíos, la industria responde con innovación y estrategias geográficas alternativas. El diseño de los centros de datos está evolucionando hacia instalaciones «listas para IA», con sistemas de refrigeración líquida que son más eficientes y usan menos agua que los métodos tradicionales. Este es un factor decisivo en zonas con estrés hídrico como el norte de Chile.
Paralelamente, países con costos menores y potencial energético desaprovechado comienzan a atraer miradas. Entre ellos, Argentina busca ser un contendiente.
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