J
Jenny Martínez
Guest
VIOLENCIA, MALDITA VIOLENCIA
Ya no es solo una canción ranqueada en los años 70, es una realidad incontrastable, basta revisar la prensa y encontramos los siguientes titulares: En menos de una hora, seis vehículos fueron incinerados en Esmeraldas. Masacre asesinan a 7 personas en Puerto López, Manabí. Fría confesión de una mujer que desmembró a su madre en Guayaquil. Una familia entera fue baleada en Duran. Pagar o morir en el sur del mar ecuatoriano, Puerto Bolívar el Oro. Tres buses fueron incinerados en el cantón Montalvo, Los Ríos; Masacre en restaurante Nueva Aurora al sur de Quito, Ambato agobiada por secuestros y asaltos en negocios. Las extorsiones, secuestros, robos, asaltos, sicariatos, minería ilegal, es el pan de cada día en todas las ciudades de nuestro querido Ecuador, antes paraíso de paz, ahora entre los cinco países más violentos del mundo. La violencia proviene de los estratos pobres, que, han tomado esta actitud por reacción, ante acciones inhumanas (abuso, dominación, injusticia, extorsión), aplicadas por los estratos altos y medios durante miles de años. Reacción que será de largo aliento, se trata de un fenómeno social, que se siente en todo el mundo (la droga es un pretexto), en Ecuador está iniciando, Colombia tiene más de 60 años y en México se duplica. Está de más la aplicación de la fuerza bruta, el camino es la comprensión, el amor al prójimo y, devolver al violeto lo que le quitaron. El Estado debe tratar el tema, no como criminalidad, sino como coyuntura social y tomar las acciones necesarias para amainar, no para encender. La violencia mata el cuerpo, pero la maldita violencia (corrupción) más cáustica, mata el alma, la esperanza, el crecimiento, provocada no por hambre ni por discriminación, sino por vanidad, ambición para figurar y captar poder, a veces repelida con prudencia y balas de indiferencia. Todos los días la prensa informa de casos infames: Progen, Austral, Healthbird, Sinohidro, Triple A, Metástasis, Purga, Plaga, Cachascán entre autoridades, Hospitales enfermos, Educación mediocre, No hay institucionalidad. ¡Qué vergüenza! Y nadie dice nada, la gente se acostumbró y lo que es más, aprendió la lección. En fin, violencia, maldita violencia, porque te empeñas en teñir de sangre y desengaño a mi lindo Ecuador, porque no permites que reina la paz, que reine el amor.
Marco A. Zurita Ríos
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Ya no es solo una canción ranqueada en los años 70, es una realidad incontrastable, basta revisar la prensa y encontramos los siguientes titulares: En menos de una hora, seis vehículos fueron incinerados en Esmeraldas. Masacre asesinan a 7 personas en Puerto López, Manabí. Fría confesión de una mujer que desmembró a su madre en Guayaquil. Una familia entera fue baleada en Duran. Pagar o morir en el sur del mar ecuatoriano, Puerto Bolívar el Oro. Tres buses fueron incinerados en el cantón Montalvo, Los Ríos; Masacre en restaurante Nueva Aurora al sur de Quito, Ambato agobiada por secuestros y asaltos en negocios. Las extorsiones, secuestros, robos, asaltos, sicariatos, minería ilegal, es el pan de cada día en todas las ciudades de nuestro querido Ecuador, antes paraíso de paz, ahora entre los cinco países más violentos del mundo. La violencia proviene de los estratos pobres, que, han tomado esta actitud por reacción, ante acciones inhumanas (abuso, dominación, injusticia, extorsión), aplicadas por los estratos altos y medios durante miles de años. Reacción que será de largo aliento, se trata de un fenómeno social, que se siente en todo el mundo (la droga es un pretexto), en Ecuador está iniciando, Colombia tiene más de 60 años y en México se duplica. Está de más la aplicación de la fuerza bruta, el camino es la comprensión, el amor al prójimo y, devolver al violeto lo que le quitaron. El Estado debe tratar el tema, no como criminalidad, sino como coyuntura social y tomar las acciones necesarias para amainar, no para encender. La violencia mata el cuerpo, pero la maldita violencia (corrupción) más cáustica, mata el alma, la esperanza, el crecimiento, provocada no por hambre ni por discriminación, sino por vanidad, ambición para figurar y captar poder, a veces repelida con prudencia y balas de indiferencia. Todos los días la prensa informa de casos infames: Progen, Austral, Healthbird, Sinohidro, Triple A, Metástasis, Purga, Plaga, Cachascán entre autoridades, Hospitales enfermos, Educación mediocre, No hay institucionalidad. ¡Qué vergüenza! Y nadie dice nada, la gente se acostumbró y lo que es más, aprendió la lección. En fin, violencia, maldita violencia, porque te empeñas en teñir de sangre y desengaño a mi lindo Ecuador, porque no permites que reina la paz, que reine el amor.
Marco A. Zurita Ríos
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