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Jenny Martínez
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“Kitu milenario”
En pocos años, se celebrarán quinientos años de la fundación española de la ciudad de Quito. El acta fundacional de la “carita de Dios” dice: “En la villa de San Francisco de la provincia de Quito, a seis días del mes de diciembre, año del nacimiento de nuestro salvador Jesucristo de mil y quinientos y treinta y cuatro años, el muy noble señor Sebastián de Benalcázar (…) mandó a pregonar públicamente esto, por esta dicha villa, que todos los españoles que quisiesen asentar por vecinos de ella, pareciesen y viniesen a asentar, hoy dicho día, ante mí, el dicho escribano, y que él les mandaría señalar solares y ejidos y límites a la dicha villa, testigos Francisco Ruiz y Micael de Velasco y otros.”
Fueron doscientos cuatro vecinos los que al inicio se asentaron en los territorios que ancestralmente pertenecían al Reino de Quito. Evidentemente, no está en tela de duda la existencia de dicho reino prehispánico, puesto que incluso en la Constitución de 1830, se hace un reconocimiento expreso al milenario Reino de Quito.
El artículo 6 de nuestra primera Constitución dice que el territorio del Estado comprende los tres departamentos del Ecuador en los límites del antiguo reino de Quito, esto es, del territorio Quitu-Cara, que posteriormente fue ocupado por los incas y finalmente llegó a manos de los conquistadores españoles.
El padre Juan de Velasco, en su libro “Historia del Reino de Quito”, dice que hubo cuatro épocas distintas en la vida de este reino: La primera duró algunos siglos, después del general diluvio, hasta que fue conquistada por Carán Scyri, cerca del año de mil de la Era Cristiana; la segunda duró cosa de 500 años, hasta que fue conquistado por el Inca Huaynacápac en el de 1487; la tercera duró 46 años, hasta que fue conquistado por los españoles en el de 1533; y, la cuarta duró 18 años, hasta que dieron fin las guerras civiles de los mismos españoles en el de 1550.
La ciudad de Quito fue declarada patrimonio cultural de la humanidad por la UNESCO en 1978, por tener el centro histórico mejor conservado de Latinoamérica, el cual fue
construido sobre las ruinas preincaicas del “Kitu Milenario”, en una ubicación muy especial para la observación de equinoccios y movimientos del Sol, al que los indígenas adoraban.
A pocos años de la celebración de los quinientos años de la fundación de Quito, la “carita de Dios” se debate entre la crisis económica y el abandono estatal, donde sectores como la Mariscal y la avenida 10 de Agosto, paulatinamente se han ido apagando, por la ausencia de un verdadero líder que conduzca las riendas de nuestra capital, como lamentablemente ha sucedido con los últimos burgomaestres de la franciscana ciudad de Quito.
Alfonso López J.
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