Assange versus el Nobel de la Paz: el que quiera oir, que lea

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Pablo Deheza

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Los miedos más comunes anidan afuera, los más terribles, dentro. Así inicia uno de los capítulos Martín Caparrós en uno de sus recientes libros, Antes que nada. Asocio esta reflexión después de leer las declaraciones del periodista australiano Julian Assange (fundador de Wikileaks). El generador de uno de los desenmascaramientos al poder político y económico estadounidense más importantes de la historia de ese país, antes de ser encerrado y censurado durante 14 años (5 años preso en Gran Bretaña), expresó su desacuerdo con el otorgado premio Nobel de la Paz a la dirigente venezolana María Corina Machado.

El hombre nacido en 1971 presentó una denuncia contra la Fundación que determinó premiar a la opositora venezolana, a la cabeza de Astrid Söderbergh Widding, presidenta del consejo directivo de la Fundación Nobel. Para Assange existe apropiación indebida de fondos, facilitación de crímenes de guerra y de lesa humanidad, financiamiento del crimen de agresión tras el otorgamiento del Nobel de la Paz a Machado. En otras palabras, Assange acusa a treinta responsables vinculados a la Fundación Nobel de haber transformado «un instrumento de paz en un instrumento de guerra». Esta noticia mundial ha dado vueltas al mundo en los más influyentes medios planetarios.

El tema, más allá de los favoritismos ideológicos, políticos y simpatías de los más variados ismos que nos reducen a comentarios abstrusos, es interesante y polémico desde el punto de vista comunicacional-mediático, periodístico e incluso geopolítico.

Digan lo que digan, el peso del premio Nobel de la Paz es importante y a la vez político, pero que sea denunciado por contradictorio suena a otra cosa. Por eso merece la atención de los medios internacionales y la reflexión interna de nuestros contornos mediáticos y los periodistas que todavía mantienen la profesión resguardando la ética, el compromiso social y de servicio.

Los medios con líneas editoriales opositoras al gobierno venezolano celebraron la designación y minimizaron la denuncia, sin cuestionar la pronta intervención militar de un país a otro, aunque en sus himnos flamee la bandera de la autodeterminación de los pueblos. El presidente estadounidense, a quien Machado dedicó su premio, ha desplegado desde agosto una imponente flotilla en el Caribe que ha causado al menos 95 muertos, justificando el accionar por asuntos varios, a pesar de los claros objetivos finales.

Un testamento vinculante

El periodista australiano, recientemente galardonado con los Premis Llibertat d’Expressió 2025 por su tarea en favor de la transparencia y el derecho de la ciudadanía a estar informada, y a los profesionales de los medios que cubrieron la DANA (España) por la importancia del periodismo de proximidad, justificó en la denuncia que la dotación para la paz de Alfred Nobel no puede gastarse en la promoción de la guerra. Tampoco puede utilizarse como instrumento de intervención militar extranjera. El documento presentado dice que: «El testamento de Nobel del 27 de noviembre de 1895 es vinculante según la legislación sueca. En él se establece que cada año el dinero del premio de la paz se destinará a la persona que, durante el año anterior, haya «…aportado el mayor beneficio a la humanidad…» realizando «…la mayor o mejor labor en favor de la fraternidad entre las naciones, la abolición o reducción de los ejércitos permanentes y la celebración y promoción de congresos de paz». Cualquier desembolso que contradiga este mandato constituye una apropiación indebida de la dotación» (…) «Cuando una decisión del comité de selección entre en flagrante conflicto con el propósito explícito de paz del testamento, o cuando existan pruebas de que el galardonado utilizará o está utilizando el premio para promover o facilitar el crimen de agresión, crímenes de lesa humanidad o crímenes de guerra, los administradores deberán resolver el conflicto a favor del testamento. Deben salvaguardar la dotación negándose a desembolsar fondos. La selección del comité noruego no les otorga inmunidad penal».

Assange cuestiona en el documento que existen declaraciones públicas que demuestran que el gobierno estadounidense y María Corina Machado han explotado la autoridad del premio para obtener un casus moralis (del latín, caso moral) para la guerra, con el fin de instalarla por la fuerza y saquear 1,7 billones de dólares en petróleo y otros recursos venezolanos. El periodista cuestiona la posición de privilegio de la galardonada, que bien podría haber inclinado la balanza a favor de la paz, del diálogo, de la reconciliación y la concertación entre venezolanos y no de la guerra.

«Existe un riesgo real de que los fondos derivados de la dotación del Nobel se hayan desviado o se desvíen intencional o negligentemente de su propósito benéfico para facilitar la agresión, los crímenes de lesa humanidad y los crímenes de guerra», dice Assange. Esta afirmación es compartida por 21 organizaciones noruegas por la paz que boicotearon la ceremonia: «Machado es lo opuesto a un laureado de la paz». El Nobel de la misma categoría, Adolfo Pérez Esquivel, declaró: «Entregar el premio a alguien que aboga por una invasión extranjera es una burla a la voluntad de Alfred Nobel».

Un poco más de contexto

La líder opositora nacida en Caracas en 1967 estuvo once meses viviendo en la clandestinidad en Venezuela ante los riesgos que podían correr su vida y su libertad. El pasado 11 de octubre dedicó el Premio de la Paz al presidente estadounidense Donald Trump, así como su respaldo a los medios militares, incluidas las violaciones del Estatuto de Roma, en relación con su propio país. El 30 de octubre, en entrevista con Bloomberg, señaló: «La escalada militar podría ser la única salida… Estados Unidos podría necesitar intervenir directamente», y ante Fox News se refirió a los ataques militares estadounidenses contra embarcaciones civiles diciendo que «estaban justificados» y que apoyaba su estrategia.

Dos días después de la ceremonia del Nobel, el presidente Trump anunció que los ataques aéreos estadounidenses comenzarían por tierra… A lo largo de esta escalada militar, Machado ha seguido incitando a la Administración Trump a continuar ese rumbo.

Entre guerras y Nobeles de la Paz, el periodismo se difumina cuando evade y omite debatir sin restricciones, con contexto, antecedentes, documentación y hechos para informar y cumplir con su deber. Julian Assange hizo su parte: incomodar al poder de turno; otros optaron por el silencio, sin saber que los entierra como hace el avestruz con su cabeza.

El periodismo ausente nos ahueca. Nos empuja al abismo para flotar entre nubes tóxicas. Así, las palabras democracia, soberanía y verdad se degradan hasta desaparecer. Cuestionar a un Nobel exige pensar. Y pensar, en tiempos de trincheras morales prefabricadas, suele resultar de alto riesgo, y así la paz afilará sus dientes para una guerra legítima y cómplice. La pregunta es qué hacer con un periodismo que decide no mirar.

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