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Redacción Universidad
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Resulta necesario, respecto del actual panorama electoral costarricense, hablar con lo certero, lo más cercano a la verdad y reconocible por la mayoría del pueblo.
Y es que la política es un espacio de razones: deliberando razones, participamos en la política. Pero las razones no son burlas, sofismas, insultos o agresiones, estas son el eje central de las discusiones, y deben, de manera clara y distinta, disponerse al público.
De otra manera, las razones deben ser comprensibles y proponentes, responder a la realidad nacional. Nuestras razones deben excluir el bulo, la alegoría, la mentira y el sesgo. Por ello, resultan ser aptas e inclusivas para la población: cualquiera puede comprenderlas y discutirlas, por esto son el centro de la discusión política.
Ciertamente, la cuestión proveniente de la discusión política, de cara a las elecciones, es la ausencia de razones; en efecto, hay un exceso de opiniones y juicios, pero se encuentran arraigados a los ideales y convicciones personales, o sea, son excluyentes.
Además de las opiniones, es evidente que el terreno de la política se encuentra lleno de esto; personas con traje y discursos oferentes, ciudadanos con tensiones inherentes y pocas preguntas sugerentes. Tan reactivos que recuerdan a una mascota cuando recibe una croqueta después de todo un día sin comer.
Esto es difícil, pues lo que genera es la imagen de una política por necesidad. Sin reconocer que a veces la necesidad es una ilusión, generada por otros inclusive. Ahora, por ejemplo, hay una inclinación por develar; es necesario sacar a la luz los trapos sucios de gobiernos anteriores, pero se refutan y repudian los pormenores actuales. Pues, según la opinión, hasta este momento, el pueblo no había recibido su croqueta.
Considero que, verdaderamente, la necesidad, ahora mismo, es dialogar con razones, solo así participamos en la política; yendo a debates, reuniones, charlas, y situaciones que nos acerquen con los políticos. No por ideología o fanatismo, sino por mera intervención de lo que es nuestra responsabilidad: es decir, la democracia.
Por esto repudio todo acto político que a las razones huye, y pervierte el proceso electoral en una fantasía de empoderamiento e ilusiones. Es necesario que ante el sesgo actuemos, en nuestros hogares, trabajo, aulas, que participemos y brindemos un grano para las futuras elecciones. Las instituciones públicas, y sus allegados, tenemos la responsabilidad de responder con razones, no con fantasmagorías y falsas pretensiones.
Los medios de comunicación, periódicos, y redes, a su vez, deben responder a esta necesidad de razones. Pero la muchedumbre digital aterra, y quien sabe hacia dónde dirigirla, posee poder. Esto lo vemos en comentarios y publicaciones. Por ello, también repudio a todo aquel que, en su pretensión, alimenta al populacho sin brindar razones.
La información es libre de fluir, pero, en lo político, la ausencia de razones conduce a un malestar general. Y la responsabilidad de encaminar a quien carece de razones recae en aquellos motivados a brindarlas. Con esto, hago un llamamiento a las personas con razones, universitarios, trabajadores, agrícolas, docentes y estudiantes, a la participación y deliberación de razones públicas. Ustedes, quienes están capacitados para ello.
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