Aceptar el resultado no es rendirse

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Redacción Universidad

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I surrender.

A mí me gusta mucho meditar y caminar. En medio de ese mundo reflexivo he encontrado un verbo poderoso: surrender. Me gusta en inglés porque tiene un matiz del que carece “rendirse” en español. Surrender invita a soltar, específicamente a soltar el falso control, porque no es cierto que podamos controlar las situaciones. Este verbo convoca también a la aceptación: aceptar lo que no podemos controlar, aceptar cuando lo que estamos haciendo es remar contra corriente y agotarnos, en lugar de utilizar nuestras fuerzas de forma más estratégica.

Y por eso, I surrender ante la democracia. Acepto el gane del Partido Pueblo Soberano (PPSO) y me niego a considerar a sus votantes como los Otros. Me niego a creer que haya un bando moralmente superior y otro sumido en el error, que exista un grupo iluminado frente a otro condenado al oscurantismo. Me rehúso a entrar en las dinámicas tóxicas de las redes sociales. Por un lado, porque no creo que haya nadie en posesión de una verdad absoluta, y que quien no la comparta deba pagar por ello. Por otro, porque sigo creyendo que, en lo más profundo, muchas de las personas que fuimos a votar el domingo compartimos un anhelo común: una Costa Rica segura, donde se pueda vivir en paz, con acceso a la dignidad de la vivienda, la alimentación, la educación y la salud.

Creo que nuestro país está profundamente lastimado. Hemos vivido años de corrupción que han erosionado la confianza del pueblo en la democracia y en la política. Independientemente del partido por el que votemos, compartimos una herida: nos duele la Patria y queremos verla resurgir. Quiero creer que nos presentamos a las urnas con la intención de defender al país y que cada quien confía en que su candidato cuenta con las mejores herramientas para lograrlo.

Surrender es también una invitación a la humildad. Durante estos cuatro años he sido incapaz de comprender por qué tantos de mis compatriotas se sienten interpelados por un discurso populista, qué hay en esos mensajes que les llega tan profundamente y los lleva a decidir ampliar el plazo de un gobierno para que continúe con sus planes. Del mismo modo, no he logrado entender del todo a ese millón de personas que decide no ir a votar. ¿Hay algo que les duele de una forma distinta a como nos duele a mí y a mis pares? Tal vez surrender implique justamente esto: aceptar que no comprendo, y asumir la tarea de escuchar más.

Como caminante sé que no hay camino, y por eso me atribuyo la labor de observar y escuchar, de intentar entender las avenidas que transitan otros, de analizar las rutas que atraviesan montañas y aquellas que quedan sepultadas por los derrumbes. Aspiro a dedicar los próximos cuatro años a hacer camino desde la empatía y la curiosidad. Anhelo seguir caminando por una senda democrática, con mis derechos intactos.

Pero ojo: uso surrender y no “rendirse”, porque no me rindo. Seré meditativa y caminante, pero ante todo soy democrática y profesora. Creo en el poder de las crayolas, en la espiritualidad como canal de alivio, en la comunicación como estrategia para la paz, en el pacifismo como acto de fuerza y, con más esperanza que nunca, creo en las futuras generaciones y en Costa Rica.

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