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Ignacio Ortiz Salas
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Más de la mitad del estudiantado de las universidades públicas financia sus estudios mediante una beca y para casi cuatro de cada diez personas ese beneficio constituye su única fuente de apoyo económico. Así lo concluye la Caracterización de la población estudiantil universitaria estatal 2025, elaborada por el Consejo Nacional de Rectores (Conare).
El estudio determinó que el 52,9% de las personas estudiantes utiliza una beca universitaria como fuente de financiamiento y que para un 38,5% representa el único respaldo económico para mantenerse en la educación superior.
“La equidad universitaria no consiste en tratar a todas las personas por igual, sino en brindar los apoyos necesarios para que todas tengan oportunidades reales de alcanzar su meta”, Katherine Sandí, investigadora.
La investigación se construyó a partir de 12.214 entrevistas realizadas durante el primer ciclo lectivo de 2025, cuyos resultados representan a cerca de 115.000 estudiantes matriculados en las cinco universidades públicas. El informe analiza las condiciones socioeconómicas del estudiantado y las distintas estrategias que utiliza para financiar su permanencia en la universidad.
Los resultados muestran que el 65% del estudiantado corresponde a personas cuya familia nunca antes había tenido un integrante en la educación superior, mientras que el 54,1% proviene de cantones ubicados fuera de la Gran Área Metropolitana (GAM).
El apoyo socioeconómico aumenta conforme se aleja la región de residencia de la GAM. Mientras en la Región Central el financiamiento familiar y las becas mantienen proporciones similares, en las regiones Brunca y Huetar Caribe cerca de siete de cada diez estudiantes reciben apoyo socioeconómico de la universidad para sostener sus estudios.
Presentación del informe ante los rectores. (Foto: Fabián Hernández Mena)
Las diferencias también aparecen entre quienes estudian y trabajan. Aunque el ingreso promedio mensual ronda los ₡504.000, existe una brecha superior a los ₡120.000 entre hombres y mujeres. Mientras las estudiantes reportan ingresos promedio de ₡447.445 mensuales, los hombres alcanzan ₡568.858.
Durante la presentación del informe, el presidente del Conare y rector de la Universidad Nacional (UNA), Jorge Herrera Murillo, afirmó que las becas “representan una inversión estratégica en movilidad social, equidad y desarrollo nacional”.
Herrera agregó que el estudio confirma que buena parte del estudiantado proviene de hogares con ingresos inferiores al promedio nacional y sostuvo que el compromiso de las universidades públicas es garantizar oportunidades de formación “independientemente de su condición económica, su lugar de origen o las circunstancias que enfrente”.
El estudio también muestra que, además de las becas, un 40,4% del estudiantado recibe apoyo económico de sus familias y un 22,1% obtiene ingresos producto de actividades laborales. Asimismo, un 17% indicó combinar dos o más fuentes de financiamiento para mantenerse en la universidad.
Para el coordinador del Observatorio Laboral de Profesiones (OLaP), Olman Madrigal Solórzano, uno de los hallazgos más relevantes es que casi cuatro de cada diez estudiantes dependen exclusivamente de la beca. “Si tenemos un aula donde hay 100 estudiantes, 38 de los que están ahí sentados o conectados virtualmente están asistiendo a una universidad gracias a la beca”, ejemplificó durante la presentación de los resultados.
Cinco mochilas, cinco realidades
Como parte de la presentación del estudio, la investigadora Katherine Sandí expuso a través de la metáfora de mochilas un análisis que clasifica al estudiantado en cinco quintiles socioeconómicos a partir de 53 variables relacionadas con ingresos, vivienda, acceso a tecnología, apoyo familiar, condición laboral y capital educativo.
“Esto no es un índice de pobreza. No mide únicamente el ingreso. Lo que hicimos fue integrar el contexto completo desde el cual estudia una persona”, explicó.
El análisis evidencia diferencias marcadas entre quienes ingresan a las universidades públicas. En el quintil con mayores condiciones de vulnerabilidad, el 94% corresponde a estudiantes de primera generación universitaria, mientras que en el quintil con mejores condiciones socioeconómicas esa proporción disminuye a un 29,8%.
Las brechas también se reflejan en la forma de financiar los estudios. Nueve de cada diez estudiantes del quintil de menores recursos reciben una beca universitaria, mientras que en el quintil de mayores ingresos apenas un 16% accede a este beneficio. En contraste, el financiamiento familiar aumenta de un 10% en el quintil con menores recursos hasta un 64,4% en el de mayores ingresos.
El estudio también encontró diferencias en la disponibilidad de tiempo para estudiar. Mientras el 23,7% de las personas del quintil más vulnerable tiene hijos o hijas, en el quintil superior esa proporción disminuye al 8,5%. Además, quienes integran el quintil de menores recursos dedican en promedio 27 horas semanales al trabajo doméstico y de cuidados, frente a 11 horas entre quienes pertenecen al quintil de mayores ingresos.
Las brechas alcanzan incluso competencias asociadas con el desempeño académico. El dominio avanzado del idioma inglés pasa de un 5,1% en el quintil con mayores carencias a un 31,1% en el de mejores condiciones socioeconómicas.
Para Sandí, los resultados muestran que el estudiantado no ingresa a la universidad en igualdad de condiciones, por lo que las políticas de permanencia deben responder a esas diferencias.
“Las personas llegan con mochilas diferentes. Cuando entendemos esas diferencias podemos diseñar mejores políticas públicas, porque la equidad universitaria no consiste en tratar a todas las personas por igual, sino en brindar los apoyos necesarios para que todas tengan oportunidades reales de alcanzar su meta”, concluyó.
La entrada 52,9% de los estudiantes de universidades públicas están becados; más de un tercio depende exclusivamente de la beca aparece primero en Semanario Universidad.
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