M
Maria Nuñez Chacón
Guest
El acelerado aumento de la productividad en el mundo no se traduce en una mejora de las condiciones laborales o una reducción de las horas de trabajo, lo que evidencia que el progreso tecnológico no está beneficiando a las personas trabajadoras, y lo que se visualiza a futuro es que haya una mayor optimización de la producción en todo el mundo, así lo detalló Pambis Kyritsis, secretario general de la Federación Sindical Mundial (FSM), en el marco de la 114° Conferencia Internacional del Trabajo (CIT), realizada entre el 1 y 12 de junio pasado.
El dirigente de la FSM sostuvo que ya es tiempo de hablar de jornadas de 35 horas semanales, como una opción necesaria, viable y madura. “Es una verdad muy simple, reducir el tiempo de trabajo, sin mermar los derechos, es una necesidad y exigencia posible. Hoy más que nunca la humanidad tiene la capacidad de hacer esto”.
Según la Organización Internacional del Trabajo (OIT) la media mundial de jornadas laborales ronda las 43,9 horas semanales, con diferencias sustanciales entre naciones. En Estados Unidos está alrededor de las 40 horas, pero en la Unión Europea puede descender hasta las 36, o incluso menos en sectores específicos. Costa Rica y México (aunque está en proceso de reducirla) tienen el promedio más alto de América Latina, según cifras de OCDE.
La discusión en muchos países desarrollados tiende a que es necesario reducir las jornadas laborales, sin afectar los salarios de los trabajadores, por ejemplo, en Chile adoptaron una legislación para bajar de 45 a 40, Colombia de 48 a 42; Francia ha establecido un tope de 35 horas y Alemania 34,5.
Según Pambis Kyritsis el desarrollo tecnológico y la inserción de la Inteligencia Artificial en el mundo del trabajo debería aprovecharse para avanzar a jornadas laborales más justas para las personas trabajadoras.
La realidad, destacó, es que los trabajadores y clases populares de países en vías de desarrollo, así como muchos de naciones desarrolladas, se enfrentan a la explotación la pobreza, la restricción de derechos laborales y sus lugares de trabajo, al igual que limitado acceso a la educación, la salud y una pensión digna. Esto define la vida de millones de trabajadores en todo el mundo.
Aunado a esto, el mundo enfrenta conflictos armados que obligan a miles de personas a migrar, quienes acaban como una fuerza laboral explotada, sin derechos y ni protección, mano de obra barata y gancho fácil para la rentabilidad del mercado.
“Vemos los fenómenos más vergonzosos, como el trabajo infantil, hoy cientos de millones de niños en el mundo tienen que trabajar en situaciones peligrosas, incluso en los países desarrollados vemos una agresión sin precedente contra los derechos laborales, se aumenta la edad de jubilación, reducción de salarios y pensiones, degradación de servicios de atención pública, aumento en costo de vida, factores que le impiden a muchos costearse sus necesidades básicas”, denunció el secretario de la FSM.
Y todo este fenómeno se da en un momento en que las fuerzas productivas están a su máximo nivel, añadió Esnaola, con un progreso tecnológico impresionante, en el que la sociedad ha desarrollado la Inteligencia Artificial (IA), la robótica, las tecnologías de la información, impulsando la productividad y reduciendo el tiempo para producir mercancías.
Pese a que las capacidades productivas son inmensas, en lugar de haber dejado más espacio a las personas para trabajar menos y tener más tiempo libre, el resultado ha sido el contrario.
Carteles en Ginebra, Suiza, en el marco de la 114° Conferencia Internacional del Trabajo hacen referencia a la necesidad de aumentar los salarios, no los horarios.(Foto: María José Núñez)
Lucha por nuevo modelo
Precisamente, sobre este tema la FSM desarrolló un debate, en el que Isidro Esnaola y Stephan Muñoz, dirigentes de organizaciones sindicales del País Vasco y Suiza, respectivamente, hablaron los factores en los que incide la reducción de jornadas.
Esnaola acotó que la reducción de jornada laboral es una pieza clave en la lucha por la redistribución de la riqueza y el mantenimiento del empleo; pero también, frente a la actual crisis ecológica debido al cambio climático.
“La situación se agrava para la clase trabajadora, hay peores condiciones de vida, y así como se impulsa la transformación de los modelos productivos y la transición energética, hay que plantear una distribución de horas en la que las personas ganen bienestar, trabajando menos”, advirtió Esnaola.
Recordó que en momentos en que el trabajo asalariado sirve para explotar a millones de trabajadores, hay un mayor impacto para las mujeres, quienes tienen una mayor carga del cuidado, que ha sido relegado al ámbito privado y que es desvalorizado, que refuerza la necesidad de reducir las jornadas laborales.
Stephan Muñoz, por su parte, recordó que las luchas obreras fueron esenciales en la conquista de derechos sociales y laborales en el pasado, como la limitación de la jornada laboral, el derecho a la sindicalización, la negociación colectiva, la protección de la maternidad, la seguridad social y la prohibición de diversas formas de explotación laboral.
“No obstante, los desafíos continúan. En la actualidad observamos procesos de flexibilización laboral, nuevas formas de precarización del empleo y transformaciones tecnológicas que modifican constantemente la organización del trabajo. Estos cambios obligan al movimiento sindical a fortalecer su capacidad de análisis, organización y propuesta, de allí que la reivindicación de la jornada de 35 horas semanales forma parte de esta tradición histórica de lucha social”, señaló Muñoz.
Fue enfático en que el desarrollo económico y la protección social pueden avanzar conjuntamente y señaló el caso de Francia como el más conocido, donde tras décadas de movilización obrera, negociación colectiva y presión sindical, se logró avanzar progresivamente desde las 40 horas semanales hasta la implementación legal de las 35 horas a finales del siglo XX.
“Esta conquista no fue un regalo de los gobiernos ni de los empleadores. Fue el resultado de años de organización sindical y de una visión que entendía que el progreso económico debía beneficiar también a las personas trabajadoras mediante una mejor calidad de vida, más tiempo para la familia, la educación, la cultura, la participación social y el descanso”, agregó.
Ambos dirigentes, sostuvieron que la jornada de 35 horas es una respuesta viable y justa ante el aumento de la productividad generado por las nuevas tecnologías debía distribuirse de manera más justa, además, una reducción del tiempo de trabajo podría contribuir a la creación de empleo mediante una distribución más equitativa de las oportunidades laborales.
La entrada “35 horas laborales a la semana: una opción necesaria, viable y madura” aparece primero en Semanario Universidad.
Sigue leyendo...