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Richard Jiménez
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La rotación de nuestro planeta experimenta un cambio progresivo que alterará el reloj global en el futuro.
Según un estudio de la Universidad Técnica de Múnich difundido por Gizmodo, la Tierra está perdiendo velocidad de giro de manera constante.
Este fenómeno físico, que ocurre a una escala geológica, implica que la duración de los días no es una cifra rígida, sino una variable que aumenta milisegundo a milisegundo.
Actualmente, la jornada se sitúa en las 25 horas como el próximo gran hito en la historia del tiempo terrestre.
El principal responsable de este estiramiento temporal es la interacción gravitatoria con nuestro satélite natural.
Como detalla el medio La Razón, la gravedad de la Luna provoca las mareas en los océanos, lo que genera una fricción constante.
Esta resistencia actúa como un freno silencioso que roba energía al giro del planeta.
A este factor se suma la influencia del Sol. El astrofísico Norman Murray explica en NTN24 que el astro rey genera “mareas atmosféricas” que funcionan como frenos adicionales.
Cuando la Luna se formó hace 4 500 millones de años, la rotación era mucho más veloz y un día duraba menos de 19 horas.
Desde entonces, el vínculo gravitacional ralentiza el movimiento terrestre de forma inevitable.
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La velocidad de rotación también depende de factores internos y climáticos.
Investigaciones de la NASA, citadas por Gizmodo, señalan que el derretimiento de los glaciares y el desplazamiento de masas de agua hacia el ecuador modifican el momento de inercia del planeta.
Al igual que un patinador que abre los brazos para girar más lento, la Tierra se desacelera cuando la masa se redistribuye lejos de los polos.
Científicos alemanes han perfeccionado un giróscopo láser de alta precisión para medir estas variaciones.
Gracias a esta tecnología, se determinó que la rotación varía unos 6 milisegundos cada dos semanas.
Según los datos publicados en Nature Geoscience y recogidos por NTN24, los expertos estiman que la jornada de 25 horas se alcanzará en aproximadamente 200 millones de años.
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Aunque el cambio es imperceptible para la vida humana cotidiana, la ciencia confirma que la Tierra no es un objeto estático.
El medio La Razón aclara que, aunque existe una fecha geológica para este cambio, no tendrá un impacto práctico en la civilización actual.
Los relojes atómicos y los sistemas de observación actuales permiten registrar estos ajustes mínimos que, acumulados durante siglos, transforman la fisonomía del tiempo.
El planeta continúa su proceso de envejecimiento y, con ello, su giro se vuelve más pausado.
Lo que hoy conocemos como un día de 24 horas es solo una fase dentro de una coreografía cósmica que sigue evolucionando.
La transición hacia las 25 horas es la constatación de que el tiempo, al igual que la geología, está en permanente movimiento.
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Según un estudio de la Universidad Técnica de Múnich difundido por Gizmodo, la Tierra está perdiendo velocidad de giro de manera constante.
Este fenómeno físico, que ocurre a una escala geológica, implica que la duración de los días no es una cifra rígida, sino una variable que aumenta milisegundo a milisegundo.
Actualmente, la jornada se sitúa en las 25 horas como el próximo gran hito en la historia del tiempo terrestre.
El freno de la Luna y las mareas
El principal responsable de este estiramiento temporal es la interacción gravitatoria con nuestro satélite natural.
Como detalla el medio La Razón, la gravedad de la Luna provoca las mareas en los océanos, lo que genera una fricción constante.
Esta resistencia actúa como un freno silencioso que roba energía al giro del planeta.
A este factor se suma la influencia del Sol. El astrofísico Norman Murray explica en NTN24 que el astro rey genera “mareas atmosféricas” que funcionan como frenos adicionales.
Cuando la Luna se formó hace 4 500 millones de años, la rotación era mucho más veloz y un día duraba menos de 19 horas.
Desde entonces, el vínculo gravitacional ralentiza el movimiento terrestre de forma inevitable.
No te pierdas de leer: Harry Styles regresa con Aperture y esto dice su letra
Factores internos y el cambio de las 25 horas
La velocidad de rotación también depende de factores internos y climáticos.
Investigaciones de la NASA, citadas por Gizmodo, señalan que el derretimiento de los glaciares y el desplazamiento de masas de agua hacia el ecuador modifican el momento de inercia del planeta.
Al igual que un patinador que abre los brazos para girar más lento, la Tierra se desacelera cuando la masa se redistribuye lejos de los polos.
Científicos alemanes han perfeccionado un giróscopo láser de alta precisión para medir estas variaciones.
Gracias a esta tecnología, se determinó que la rotación varía unos 6 milisegundos cada dos semanas.
Según los datos publicados en Nature Geoscience y recogidos por NTN24, los expertos estiman que la jornada de 25 horas se alcanzará en aproximadamente 200 millones de años.
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Un sistema dinámico en constante cambio
Aunque el cambio es imperceptible para la vida humana cotidiana, la ciencia confirma que la Tierra no es un objeto estático.
El medio La Razón aclara que, aunque existe una fecha geológica para este cambio, no tendrá un impacto práctico en la civilización actual.
Los relojes atómicos y los sistemas de observación actuales permiten registrar estos ajustes mínimos que, acumulados durante siglos, transforman la fisonomía del tiempo.
El planeta continúa su proceso de envejecimiento y, con ello, su giro se vuelve más pausado.
Lo que hoy conocemos como un día de 24 horas es solo una fase dentro de una coreografía cósmica que sigue evolucionando.
La transición hacia las 25 horas es la constatación de que el tiempo, al igual que la geología, está en permanente movimiento.
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