¿Y ahora qué sigue en el Sistema Penitenciario?

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¿Y ahora qué sigue en el Sistema Penitenciario?

En el combate de toda actividad mafiosa, la ruta del dinero es el hilo que más puede contribuir a debilitar esas redes.​

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20 de enero de 2026

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Después de cada crisis carcelaria, con todo y violencia, exhibiciones de poder, víctimas mortales y recuperación del control, en varios gobiernos, la pregunta de cómo transformar el Sistema Penitenciario ha sido recurrente, pero sin respuestas concretas, sistemáticas ni sólidas. La gravedad de los motines y ataques armados sincronizados el 17 y 18 de enero, encabezados por terroristas del Barrio 18 y con participación de otros reos de alta peligrosidad, refuerzan el cuestionamiento que esta vez no puede quedar sin esa respuesta concreta, sistemática y sólida.

El peligro no ha pasado, primero porque la respuesta del Ejecutivo ha sido lenta. La implementación de la cárcel de alta seguridad Renovación 1 fue una primera medida emergente, a todas luces acertada porque puso presión a cabecillas pandilleros, pero no tuvo continuidad. La fuga de octubre fue la consecuencia más evidente, pero también se produjo un empoderamiento de estos grupos criminales, cuyas células o clicas se encuentran a la espera de coordinaciones desde los reclusorios, obviamente porosos.

Es innegable el incentivo perverso aportado por jueces que ordenaron el retorno de reos a prisiones de menor seguridad, con pretextos legaloides que ya no deberían aplicar en el caso de terroristas. Las declaraciones de pandilleros detenidos en las últimas horas confirman esa aversión a la sociedad, las leyes y el Estado en su conjunto. Con la aplicación de medidas pertinentes contenidas en la declaratoria de estado de sitio habrá más capturas, consignaciones, procesos, y datos sobre los nexos del Barrio 18. Pero ¿en dónde serán recluidos estos individuos? ¿Cómo se evitará que sigan coordinándose entre sí y trasegando ilícitos en los penales? Y no se trata de medidas pasajeras, sino de políticas permanentes, disuasivas.

La ley y estructura del Sistema Penitenciario necesita ser revisada y actualizada acorde a las necesidades de seguridad, para posibilitar el manejo profesional, eficaz y seguro de futuros reclusorios de máxima seguridad. Por otro lado, debe existir la posibilidad real de aplicar, al menos en una sola oportunidad, a protocolos de reeducación y reinserción, en los casos en que exista comprobada actitud de cambio. Por desgracia, la depravación de ciertos líderes los ha colocado en un punto sin retorno y, por lo tanto, se requiere su aislamiento total, sin menoscabo del Estado de derecho. No puede primar el derecho de un reo sobre el de las víctimas de mortales delitos coordinados desde los presidios.

¿Cómo se organizará esa nueva etapa de manejo escalonado pero firme de la seguridad carcelaria? Son las autoridades de turno las que deberán plantear el modelo. En lo inmediato se ha mencionado la militarización de los penales como una opción en favor de la ciudadanía honrada. Sin embargo, los sistemas de inteligencia civil también deben rastrear y desactivar a los grupos satélite que pululan en varias zonas de la capital, de las cuales no todas son barriadas marginales. Se han conocido casos de pandilleros residiendo en condominios de lujo, financiados por el expolio, la agonía y la muerte de víctimas de exacciones.

En el combate de toda actividad mafiosa, la ruta del dinero es el hilo que más puede contribuir a debilitar esas redes. Por eso, los diputados al Congreso —tan histriónicos e indignados para avalar la ley antiterrorista o, ayer, el estado de sitio— también deben aprobar con celeridad las reformas a la ley de combate al lavado de activos. Numerosos pandilleros tienen negocios aparentemente lícitos, incluyendo taxis y mototaxis, que son solo fachada. Pero, sin duda alguna, el mayor riesgo es que lleguen a convertirse en financistas electorales ilícitos.

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