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Fausto Segovia Baus
Guest
La creencia general dice que “no”. Y yo concuerdo con esta apreciación. Los sueños son inseparables de los ideales y esperanzas de las personas y los pueblos.
En el caso de las personas, son las esperanzas, los ideales y metas; los pueblos construyen “utopías”; es decir, la representación de una sociedad ideal e imaginaria que se concibe como alternativa al mundo real. Se trata de un modelo de civilización perfecto, justo y equilibrado, pero que resulta difícil o incluso imposible de alcanzar en la práctica. Se habla, por ejemplo, de la “utopía comunista”, la “utopía capitalista” y la “utopía cristiana”, para referirse a ideales políticos que, aunque inspiradores, presentan dificultades de aplicación.
En un sentido más amplio y cotidiano, una utopía puede entenderse como una visión optimista de cómo nos gustaría que fuera el mundo: más justo, solidario, equilibrado y feliz.
La palabra utopía fue acuñada por el humanista inglés Thomas More (Tomás Moro, en español) en el siglo XVI, 1516. Procede de los vocablos griegos οὐ (ou, “no”) y τόπος (tópos, “lugar”), que literalmente significa “lugar que no existe”. Moro inventó una isla ficticia donde se desarrolla una comunidad perfecta, regida por la razón, la justicia y la armonía.
Todas las culturas tienen utopías, que consisten en comunidades imaginarias que poseen características ideales, y se usan como modelos a seguir para las organizaciones sociales y políticas, que funcionan como horizontes para una sociedad.
En ese contexto, la gente sueña algo mejor, y para ello busca oportunidades en países que ofrecen garantías para el trabajo, y el envío de remesas a sus familias. El “sueño americano” marcó a millones de personas que fueron a Estados Unidos, y en la actualidad tienen limitaciones por las nuevas políticas antimigrantes.
También podría hablarse del “sueño cubano”, pero se da el caso, según las personas consultadas, que nadie ha escogido voluntariamente ese sueño. ¿Quién escogería el socialismo cubano para vivir pobre y sin libertad por toda la existencia?
En las coyunturas mencionadas, numerosas personas piensan que los sueños se han acabado. Es una actitud pesimista. Frente a esa realidad, los gobiernos tienen la responsabilidad de realizar cambios, superar las causas de la informalidad y abrir espacios para el empleo con una buena educación, salud y seguridad. Y también, los ciudadanos pueden desarrollar emprendimientos, con iniciativa propia y libertad económica, y así recuperar la esperanza perdida.
¡Porque los verdaderos sueños están en la mente! Si no hay un cambio de mentalidad con una educación diferente y pensamiento crítico, la sociedad repetirá los errores del pasado.
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En el caso de las personas, son las esperanzas, los ideales y metas; los pueblos construyen “utopías”; es decir, la representación de una sociedad ideal e imaginaria que se concibe como alternativa al mundo real. Se trata de un modelo de civilización perfecto, justo y equilibrado, pero que resulta difícil o incluso imposible de alcanzar en la práctica. Se habla, por ejemplo, de la “utopía comunista”, la “utopía capitalista” y la “utopía cristiana”, para referirse a ideales políticos que, aunque inspiradores, presentan dificultades de aplicación.
En un sentido más amplio y cotidiano, una utopía puede entenderse como una visión optimista de cómo nos gustaría que fuera el mundo: más justo, solidario, equilibrado y feliz.
La palabra utopía fue acuñada por el humanista inglés Thomas More (Tomás Moro, en español) en el siglo XVI, 1516. Procede de los vocablos griegos οὐ (ou, “no”) y τόπος (tópos, “lugar”), que literalmente significa “lugar que no existe”. Moro inventó una isla ficticia donde se desarrolla una comunidad perfecta, regida por la razón, la justicia y la armonía.
Todas las culturas tienen utopías, que consisten en comunidades imaginarias que poseen características ideales, y se usan como modelos a seguir para las organizaciones sociales y políticas, que funcionan como horizontes para una sociedad.
En ese contexto, la gente sueña algo mejor, y para ello busca oportunidades en países que ofrecen garantías para el trabajo, y el envío de remesas a sus familias. El “sueño americano” marcó a millones de personas que fueron a Estados Unidos, y en la actualidad tienen limitaciones por las nuevas políticas antimigrantes.
También podría hablarse del “sueño cubano”, pero se da el caso, según las personas consultadas, que nadie ha escogido voluntariamente ese sueño. ¿Quién escogería el socialismo cubano para vivir pobre y sin libertad por toda la existencia?
En las coyunturas mencionadas, numerosas personas piensan que los sueños se han acabado. Es una actitud pesimista. Frente a esa realidad, los gobiernos tienen la responsabilidad de realizar cambios, superar las causas de la informalidad y abrir espacios para el empleo con una buena educación, salud y seguridad. Y también, los ciudadanos pueden desarrollar emprendimientos, con iniciativa propia y libertad económica, y así recuperar la esperanza perdida.
¡Porque los verdaderos sueños están en la mente! Si no hay un cambio de mentalidad con una educación diferente y pensamiento crítico, la sociedad repetirá los errores del pasado.
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