¿Por qué EE.UU. vuelve a fijarse en el petróleo venezolano en plena crisis energética global?

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Gabriela Quiroz

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Venezuela vuelve a ser estratégica para Estados Unidos y el mundo, no porque haya cambiado su régimen, sino porque el petróleo que yace bajo su suelo es el que hoy más falta hace. Un crudo difícil, pesado y costoso, pero indispensable para mantener en marcha las refinerías más complejas del planeta.

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🌎¿Por qué esto importa también en Ecuador?​


Cuando Estados Unidos, el mayor consumidor de energía del mundo, redefine de dónde obtiene su petróleo, el mercado global reacciona. Y cuando el mercado reacciona, países productores como Ecuador sienten el impacto, incluso si ya eliminaron subsidios a los combustibles.

Un eventual aumento del crudo venezolano en el mercado internacional -en volúmenes significativos y a precios competitivos– podría presionar precios a la baja en el mediano y/o largo plazo. Para Ecuador sería menos ingreso por exportaciones y menos margen fiscal en un momento de fragilidad económica.

🛢️Faja del Orinoco, un tesoro que no se convirtió en bienestar


Al sur del río Orinoco, en una franja de más de 55 mil km2 está uno de los mayores volúmenes de petróleo del planeta: 303 mil millones de barriles de crudo pesado, cuantificados en 2006 por PDVSA durante el proyecto Orinoco Magna Reserva. “La geología permite que Venezuela siga siendo estratégica”, señala el geólogo venezolano Richard Ortega.

Pero esa riqueza no se traduce automáticamente en desarrollo. Desde el paro petrolero de 2003, la industria perdió personal técnico, inversión y capacidad operativa. En la Venezuela chavista ese deterioro se profundizó. Las sanciones de EE.UU., que se endurecieron progresivamente desde 2015, terminaron de aislar al sector. Resultado: un país con petróleo, pero sin músculo para extraerlo, procesarlo y venderlo.

Ahí nace la contradicción que persigue a la Faja del Orinoco. Es un tesoro que el mundo todavía necesita, pero es maldito porque, pese a su magnitud, no logra mejorar la vida de los venezolanos.

Desde la geología, Ortega agrega que al norte del Orinoco se extiende la gran zona sedimentaria: crudos pesados y extrapesados, pero también gas y crudo liviano. Al sur, en el Arco Minero, se concentra diversidad de minerales: oro, diamantes, coltán, tierras raras, que refuerzan el peso estratégico del subsuelo venezolano. El problema no está bajo tierra. Está en la superficie.

🧭 La raíz geológica del poder venezolano


La ventaja estratégica de Venezuela no empezó con Chávez ni con las sanciones. Empezó hace más de 100 millones de años. Durante el Cretácico, gran parte del territorio venezolano estuvo cubierto por un mar epicontinental que se extendía desde Maracaibo hasta el oriente del país. Ese ambiente permitió la formación de rocas madre excepcionalmente ricas en materia orgánica.

“Se favoreció la depositación de la formación La Luna en occidente y Querecual en el oriente, con un contenido orgánico total mayor al 5%”, explica la geóloga venezolana Dianela Barrios. Con el soterramiento, la presión y la temperatura, esas rocas entraron en ventanas de generación de crudo y gas. Ese petróleo migró y quedó atrapado en estructuras que hoy explican los grandes yacimientos del país: el Lago de Maracaibo, el norte de Monagas, Anaco y la Faja Petrolífera del Orinoco.

🧪Venezuela no es solo petróleo: gas y minerales en disputa


Pero reducir el interés por Venezuela al petróleo es una simplificación que no cabe. El país también posee una de las mayores reservas probadas de gas natural de América Latina, con más de 200 trillones de pies cúbicos (TCF), muchas de ellas subdesarrolladas en la región Costa Afuera.

Además, al sur del país, el Arco Minero concentra oro, diamantes, coltán, hierro, bauxita y tierras raras. Las reservas de oro han sido estimadas en 74 millones de onzas, puntualiza Richard Ortega, aunque gran parte de esa riqueza es hoy explotada por minería artesanal y grupos irregulares.

El potencial existe, pero carece de estudios actualizados, certificación internacional y control estatal efectivo. Eso aumenta el atractivo geopolítico y, al mismo tiempo, los riesgos.

⚡Seguridad energética en una transición incompleta


El renovado interés de EE.UU. por Venezuela no nace de un cambio de valores, sino de prioridades. En un contexto de transición energética inconclusa, Washington volvió a mirar un recurso que es central para su economía y su seguridad.

“Nada de lo que hemos visto en términos de transición energética es comparable con todo el sistema desarrollado alrededor del hidrocarburo”, advierte Tomoya Tajima, experto en explotación y producción de petróleo en Venezuela, Brunéi y otros países. Las energías renovables avanzan, pero no sustituyen todavía al petróleo en transporte aéreo, industria ni defensa.

Fabricio Yépez, vicedecano del Colegio de Ciencias e Ingenierías de la USFQ
y Tajima apuntan al núcleo del problema: Gran parte de las refinerías de EE.UU están diseñadas para procesar petróleo pesado. La producción estadounidense, en cambio, es mayoritariamente liviana, proveniente del esquisto. Para sostener su sistema refinero, necesita importar. “Siete de cada diez barriles de petróleo que importa Estados Unidos son crudo pesado”, advierte Yépez.

Tajima agrega otro dato clave: para operar con mayor eficiencia, “las refinerías mezclan crudos livianos con pesados”. Estados Unidos concentra un 40% de la capacidad mundial para procesar crudo pesado, infraestructura en la que invirtió decenas de miles de millones de dólares.

En ese escenario, los proveedores de crudo pesado son limitados: Rusia quedó fuera del mercado occidental. Canadá cubre parte de la demanda. Venezuela vuelve a entrar en la ecuación. No es un ideológico. Es una necesidad industrial.

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El crudo venezolano presenta características que lo hacen difícil de refinar y transportar. Foto: EFE

🌏Petróleo venezolano, yuanes y Taiwán


La inclinación de Washington por Venezuela también apunta a un adversario: China. Tajima sostiene que el giro estadounidense representa “un golpe directo” a Pekín, porque Venezuela aporta entre 4% y 7% del consumo energético chino.

Durante los años de sanciones, China expandió su influencia en el país a través de un esquema de petróleo por préstamos, pagos en yuanes y el uso del sistema CIPS, que permite transacciones no rastreables por mecanismos financieros occidentales. Yépez puntualiza que en 2025, el 81% del crudo venezolano se exportó a China.

El objetivo de EE.UU.-enfatiza Tajima- es forzar a China a sentarse a negociar “de manera genuina” y contribuir a desescalar tensiones mayores. Entre ellas: el conflicto en torno a Taiwán, clave por su rol en la producción de chips para IA.

Yépez coincide en el trasfondo estratégico. Asegurar influencia total en Venezuela permitiría a Washington frenar la presencia de China, Rusia e Irán en su propio hemisferio. “Es el renacer de la doctrina Monroe”, señala, ahora rebautizada como doctrina Donroe: América para los americanos.

🔁El efecto dominó en la región andina


El eventual retorno del petróleo venezolano al mercado internacional tendría impactos más allá de sus fronteras. Para productores medianos como Ecuador y Colombia, el efecto sería económico.

Un aumento de la oferta de crudo pesado presionaría los precios internacionales. Tajima estima que, si en cuatro o cinco años Venezuela logra elevar su producción a 1,5 o 1,8 millones de barriles diarios, el mercado tendría que ajustarse.

Ecuador enfrenta ese escenario con un margen limitado. Su producción se concentra en yacimientos maduros de la Cuenca Oriente, explotados desde 1967. El bloque ITT, uno de los más importantes del país, concentra 1 670 millones de barriles, cifra significativa, pero pequeña frente a los volúmenes venezolanos. Pero, además, que se quedará bajo tierra por decisión de los ecuatorianos.

En gas, Ecuador tiene un potencial costa afuera prácticamente inexplorado, salvo el campo Amistad. En minería, cuenta con reservas relevantes de oro, como Fruta del Norte (4,5 millones de onzas) y Azuay (1,3 millones de onzas). Pero su escala no altera el tablero regional. La región andina no define el juego.

📊 Lo que muestran los datos del petróleo de Venezuela​


Las cifras ayudan a entender la paradoja venezolana. Hoy produce menos de un millón de barriles diarios, lejos de los más de tres millones que alcanzó en los años 90. PDVSA llegó a proyectar una producción de 6,5 millones de barriles diarios, una meta que nunca se concretó.

Bajo sanciones, unos 400 mil barriles diarios se venden a China a precios castigados, cercanos a 30 dólares por barril, lo que genera ingresos cercanos a 12 millones de dólares diarios. Sin sanciones, esos mismos barriles podrían venderse a 55 dólares, elevando los ingresos a 22 millones de dólares diarios, sin aumentar producción.

Pero no solo cambia lo comercial. Tajima estima que 65% de pozos venezolanos necesita inversión integral. La industria perdió personal técnico desde el paro petrolero de 2003 y hoy carece del conocimiento para recuperarse sola. Empresas de EE.UU. manifestaron interés en regresar, pero exigen al presidente Trump garantías jurídicas, control operativo y reglas claras. Sin eso, el capital no entra.

📉 Cuando las reservas de petróleo no se traducen en desarrollo​


Venezuela muestra con crudeza un error recurrente en países petroleros: confundir riqueza geológica con desarrollo. Tener el mayor volumen de crudo del mundo no evitó el colapso productivo ni la crisis social.

Tajima lo plantea desde la experiencia comparada. El único país que escapó de la llamada ‘maldición del petróleo’ fue Noruega. Separó al Estado del flujo directo de caja petrolera, creó un fondo soberano y blindó la inversión en educación y salud.

Venezuela tuvo una versión incompleta de ese modelo. Antes de 2003, PDVSA operaba como empresa técnica con un accionista público. Esa estructura permitió reinvertir durante décadas. Pero, la ruptura institucional y la politización de la industria quebraron ese equilibrio.

Mucho antes, el intelectual venezolano Arturo Uslar Pietri había advertido el riesgo. “Sembrar el petróleo” no era un eslogan, sino una advertencia: usar un recurso finito para construir un país sostenible.

🔮Riesgos y escenarios para Venezuela y su petróleo​


El escenario que se abre para Venezuela no garantiza estabilidad plena. Tajima advierte sobre el riesgo de fragmentación interna similar a la de Haití, si los equilibrios de poder se rompen. Yépez va más lejos y alerta sobre la posibilidad de un desenlace comparable al de Afganistán, si una transición forzada fracasa.

Ambos coinciden en otro punto: la revalorización del crudo pesado retrasa la transición energética global hacia fuentes renovables, al menos en el corto plazo. Mientras no exista una alternativa confiable- como la energía nuclear– los hidrocarburos seguirán siendo estratégicos.

Estados Unidos
apuesta por asegurar crudo pesado, reducir la dependencia de Canadá, contener a China y reordenar el poder en su región. Para Venezuela, la pregunta sigue abierta: ¿Esta vez su subsuelo servirá para reconstruir un país o solo para volver a sobrevivir?


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