K
Katerinne Orquera
Guest
Fundado en 1877, The Washington Post es una organización de noticias de primer nivel, especializada en reportajes políticos. Durante cuarenta años, en los que fue propiedad de Meyer-Graham, se forjó una reputación por respetar su lema: el periódico se debe a sus lectores y al público en general, no a los intereses privados de sus dueños.
Esta política editorial, y la libertad que dio a sus periodistas, hizo que sus investigaciones fueran objeto de tres películas: ‘Todos los hombres del presidente’ (la cobertura del caso Watergate), ‘The Post: Los oscuros secretos del Pentágono’ (indagación de las acciones de guerra realizadas en Vietnam) y el documental ‘Ben Bradlee: el hombre del Washington Post’ (perfil de uno de sus más destacados editores).
En 2013 la familia Graham vendió el diario al dueño de Amazon, Jeff Bezos, por doscientos cincuenta millones de dólares. En ese momento la empresa tenía su patrimonio neto de veinticinco mil millones, que los últimos años subió a doscientos cincuenta mil millones, de acuerdo con Ruth Marcus, en ‘The New Yorker’.
A pesar de las ganancias, entre 2023 y 2025 se redujo el personal periodístico de mil empleados a menos de ochocientos y hace poco se despedió a otros 300 periodiotas, se cerró el departamento de deportes y el podcast insignia ‘Post Reports’. Los despidos han dejado al diario sin sus mejores escritores y editores. Según Martin Baron, uno de sus legendarios periodistas, se trata de la destrucción autoinfligida de una marca, de manera casi instantánea. Según parece, con la intención de acercarse al gobierno estadounidense.
Pero si por allá llueve, por aquí no escampa. De acuerdo con el informe 2025 de Fundamendios, en el Ecuador se registró el asesinato de cinco periodistas, la suspensión y cierre de radios comunitarias, la paralización del concurso de frecuencias. A ello se suman las compras de un asambleísta del gobierno del portal La Posta y radio Centro de Guayaquil, así como la intervención estatal en Granasa, sin olvidar la venta de El Universo a un conglomerado extranjero.
Detrás de estas decisiones, internacionales y locales, está el desprecio de los gobiernos ‘democráticos’ por los periodistas de investigación, a los que buscan reemplazar con productos ‘lite’ (ligeros) que niegan al público la información de base de la sociedad que habitan, al tiempo que fomentan el entrenamiento y la superficialidad, mediante pactos con nuevos dueños multimillonarios que no tienen un compromiso con la veracidad sino con una agenda de negocios que no requiere críticos sino perfiles complacientes.
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Esta política editorial, y la libertad que dio a sus periodistas, hizo que sus investigaciones fueran objeto de tres películas: ‘Todos los hombres del presidente’ (la cobertura del caso Watergate), ‘The Post: Los oscuros secretos del Pentágono’ (indagación de las acciones de guerra realizadas en Vietnam) y el documental ‘Ben Bradlee: el hombre del Washington Post’ (perfil de uno de sus más destacados editores).
En 2013 la familia Graham vendió el diario al dueño de Amazon, Jeff Bezos, por doscientos cincuenta millones de dólares. En ese momento la empresa tenía su patrimonio neto de veinticinco mil millones, que los últimos años subió a doscientos cincuenta mil millones, de acuerdo con Ruth Marcus, en ‘The New Yorker’.
A pesar de las ganancias, entre 2023 y 2025 se redujo el personal periodístico de mil empleados a menos de ochocientos y hace poco se despedió a otros 300 periodiotas, se cerró el departamento de deportes y el podcast insignia ‘Post Reports’. Los despidos han dejado al diario sin sus mejores escritores y editores. Según Martin Baron, uno de sus legendarios periodistas, se trata de la destrucción autoinfligida de una marca, de manera casi instantánea. Según parece, con la intención de acercarse al gobierno estadounidense.
Pero si por allá llueve, por aquí no escampa. De acuerdo con el informe 2025 de Fundamendios, en el Ecuador se registró el asesinato de cinco periodistas, la suspensión y cierre de radios comunitarias, la paralización del concurso de frecuencias. A ello se suman las compras de un asambleísta del gobierno del portal La Posta y radio Centro de Guayaquil, así como la intervención estatal en Granasa, sin olvidar la venta de El Universo a un conglomerado extranjero.
Detrás de estas decisiones, internacionales y locales, está el desprecio de los gobiernos ‘democráticos’ por los periodistas de investigación, a los que buscan reemplazar con productos ‘lite’ (ligeros) que niegan al público la información de base de la sociedad que habitan, al tiempo que fomentan el entrenamiento y la superficialidad, mediante pactos con nuevos dueños multimillonarios que no tienen un compromiso con la veracidad sino con una agenda de negocios que no requiere críticos sino perfiles complacientes.
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