¡MONIGOTE de un año de edad!

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Fausto Segovia Baus

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Don Correcto

Sí. Es curioso, pero en Ecuador se “quema” el año viejo que tiene apenas un año de edad; es decir, un bebé.

Esta paradoja se celebra luego de transcurrir doce meses, equivalente a 52 semanas, 365 días, 8760 horas, 525,600 minutos y 31,536,000 segundos, para un año no bisiesto.



La cultura de la quema del año viejo está en desuso por motivos de seguridad: las llamas contaminan el pavimento, provocan accidentes, y el vecindario puede llamar al cuerpo de bomberos o al 911. Y en su reemplazo han aparecido monigotes de papel, verdaderos remedos, que no se queman -porque está prohibido-, que vienen en cajitas de cartón en miniatura, para la colección de los abuelitos. ¡Y sanseacabó!

¡Qué tiempos aquellos! La confección de los monigotes era una verdadera fiesta familiar, desde la colección de ropa vieja apilada en el armario, la elaboración o adquisición de las caretas, la operación del relleno con aserrín seco o papeles de periódico -que ahora ya no circulan-. Y, desde luego, la selección del nombre del personaje -excepto el de los abuelitos-, y la escritura del testamento.


Los sabios de la familia en sus discursos de película, escritos en papel higiénico, al borde de las lágrimas de cocodrilo, decían que la quema es simbólica porque existe algo más profundo: las llamas queman nuestros egoísmos, nuestros miedos y fracasos. ¡Y porque es hora que renazca la esperanza, carajo! ¡Salud!

Este glorioso encuentro familiar comenzaba a inicios de noviembre en las sobremesas, con la preparación de los pesebres para la celebración de Navidad
, y se completaba con la designación de responsables para la elaboración de la comida: los buñuelos con miel de panela, el caldo de gallina (no había dinero para el pavo), para consumirlo después de la “Misa del gallo”. Y así por estilo.


Lo más gracioso era el testamento, descrito con sal y pimienta, en que colaboraban los familiares más ocurridos. Sus coplas llenaban de alegría los hogares porque nadie se quedaba fuera: todos los seres vivos -en especial los “vivísimos”-, e inclusive los que pasaron a convertirse en columbarios.

Estos episodios son históricos y corresponden al país de los recuerdos. El monigote de un año de edad es el pálido reflejo de vidas pasadas -sufridas y deliciosas- que han vencido a la cultura de la computadora, el celular y la inteligencia artificial.

¡Felicidades!

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